Archivos para las entradas con etiqueta: Publicación sin determinar

1 de abril de 2002

“Cualquier persona o pastor que se haya encontrado un saco, de Prezuelas al pueblo, con los aperos de pescar, que lo entregue en el Ayuntamiento y se le dará por el saco lo que sea regular”. Ya murió el alguacil que lanzó este bando, ¡histórico!. Un pueblo que pierde sus artes se estanca en los amarres del tiempo muerto, andará para atrás, hacia los siglos de las invasiones, bulas papales falsas y corrupción generalizada en el interior mismo del Vaticano. No importa cuántos vascos se cepillaron aquellos asesinos que nos invadieron a sangre y fuego por la Sakana. No importa cuántos navarros fueron fusilados en la orilla del Ebro, junto a la muga, hace seis décadas. Aquí no importa nada. Dominados y sometidos, hacemos de vosotros lo que nos dé la real gana, implantamos una situación policíaca vergonzante para combatir a ETA y sus cómplices, o “chivatos”, y en paz.

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1 de marzo de 2002

            “Si tan largo me lo fías, Blanca, echa un cuartillo”, y la tabernera, mi madre, carlista fina, sonríe, guarda el dicho de “Paderna”, republicano, zurdo y cargado de hijos, nos lo cuenta en torno de la mesa camilla y lo anotamos desde la niñez en el pergamino, virgen aún, de la memoria sin saber por qué, tal vez para transmitirlo en el día de hoy a los lectores que quieran conocer las andanzas, hambre y sueño de hacienda colmada, de los jornaleros eventuales en esta muy ilustre, muy noble y muy leal ciudad, donde Subirán, el partero, me encendió las linternas del alma una tarde achicharrante de agosto. Era tal la penuria que hasta el cuartillo de vino en el porrón se lo servía a fiado, a cuenta del jornal, catorce reales de sol a sol, y saldar la deuda, pagadores puntuales, honrados a carta cabal.

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28 de enero de 2002

         Oigo el clamor de una megafonía que pide ayuda, dar la cara por algo justo, sin cobardías, evitar la construcción de un vertedero junto al Ebro. La voz se cuela por los rincones y plazoletas de esta ciudad soñolienta, de un desperezarse extraño, siempre fue así. Ante un amago contra el condumio del vecindario, despierta encorajinada. Biana despierta solidaria, el domingo, día 27, la plaza de los Fueros amanece con una pancarta enorme, en euskera y castellano, y comienza su remar a contrapelo, contra el Gobierno, si se tercia, caso de que alguien quiera imponer cualquier chandrío contra la voluntad popular.

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Deia, 15 de enero de 2002

         Lo que la ciencia no puede, el martillo lo endereza. Y el forjador sigue dando mazazos sobre el yunque. Hay frases que quedan para la historia, por ejemplo, también, la pronunciada el 31 de diciembre por Idoia Zenarruzabeitia: “El gobierno español, durante todo este tiempo, nos ha estado engañando, nos ha estado mintiendo“. ¡Qué te pensabas, pues, o qué!. La vicelehendakari se refería a las gestiones para “pactar” con ese gobierno los dineros del cupo, el concierto, el convenio o como quieran llamarle. Los navarros de alpargata decimos “Cupo”, la sangre que debemos donar a esa gente por unos servicios que siempre hemos rechazado, algo extraño, foráneo, ajeno a nuestras costumbres y forma de ser. Somos renteros del señor rentista en la finca de nuestra propiedad, ¡aberrante!. Para cualquier ciudadano de esta nación de leyenda, es decir, que su soberanía ya es leyenda, “Madrid sólo piensa en arramplar con Navarra entera”, nos decían nuestras madres, tanto carlistas como liberales, y añadían que “para qué queremos aquí a la guardia civil, con los “forales” nos basta y nos sobra, que son nuestros”.

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5 de enero de 2002

            ¡La música, mi carrera frustrada!. Tanto estudiar lenguas vivas y muertas, que si latín, griego, inglés, francés, ¡y para qué carreras de postín!. Para andar por el mundo, dicen, pero, si no tienes medios ni tiempo, de poco sirven los idiomas, a no ser que lo conviertas en la herramienta para ganarte el pan con el sudor de tu frente. Otros de mis amigos lo entendieron con más pagmatismo, más listos, eran los rezagados de la escuela, pero lo hicieron mejor, se dedicaron a crear empresas o plantar viña y hoy están forrados de billetes verdes, millones y millones gracias a la uva, y me alegro. Viven a costa del sudor de su frente, la del vecino, el jornalero. Ellos, mientras tanto, se plantan en hoteles de cinco estrellas de un Londres, por ejemplo, y no tienen reparo en comunicarse con los compañeros de viaje por medio de un chiflido de punta a punta del vestíbulo, y el gerente le llama la atención y le dice que “aquí, en Inglaterra, no se chifla de esas maneras tan pueblerinas”, y mi conciudadano le replica “que no, oiga, que es un hablar, mi amigo reconoce mi chiflido y ya sabe lo que quiero decirle”, ¡histórico!, y el gerente le mira y no comprende nada y el amigo millonario, tampoco, que no habla inglés ni falta que le hace.

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