Archivos para las entradas con etiqueta: Diario de Noticias

Diario de Noticias, 18 de diciembre 2001

Visto desde aquí, a uno se le cae el alma al suelo. La opinión de las gentes de la Ribera, que no entendemos ni pizca de política ni de apaños ni de presupuestos, es una y sólo una: Que debemos mantenernos unidos en torno de un denominador común. Cualquier cosa, menos contemplar al adversario frotarse las manos de placer al vernos divididos y cada uno por su lado haciendo la risión. Entre unos y otros, unos por demás y otros por de menos, vamos a conseguir el echar por tierra el armazón de la casa.

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Los miras y pasas una rencilla enorme, es un lujo, la fruta prohibida que no puedes saborear. El “encierro” es el acto ritual de la liturgia sanferminera. ¡Qué ocurriría, si no se celebrase!. La multitud, sobre todo foránea, siente una especie de desafío: Si no lo veo y lo vivo, sería como si no hubiera disfrutado de los “sanfermines” en su jugo y esplendor.

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Diario de noticias, 25 de mayo de 2000

Aturde esta cantidad, un tapabullero. Que 29 colectivos firmen la convocatoria a favor de las Bardenas, parque natural en su totalidad, y que el día 20 nos juntemos en Iruñea un millar y medio de manifestantes roza el esperpento. ¡Ellos se frotaron las manos de gusto!.

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Diario de Noticias, 5 de mayo de 2000

Imposible escribir “Antonio”. El director es un tacaño y no le presta más espacio al titular. Mas, ¡qué importa!. El vecindario lo sabe, os conoce y os tributa honores de héroe griego. Ya se ha enterado de que “Portland San Antonio” campa y lo ha colmado de gloria.

Da grima: Cada amanecer te haces más y más preguntas sobre la vida gastada, perdida en tacañerías. Echas en falta los años mozos, que ya se fueron, se acabó, despilfarros, paraísos de arena. Nos tenían comido el ser entre confesonarios y reclinatorios de las capillas de mi iglesia, esta joya renacentista, ejemplar único, que se quedó en los hilvanes y no llegó a catedral. Luego, el fuego, una colilla mal apagada, la desmochó el 14 de agosto de 1954. A las tres de aquella tarde de bochorno empezó la pavorosa hoguera.

Otros deportes, ¡por qué no!. Sólo teníamos el frontón, tardes agotadoras, sin parar, un partido tras otro y, de allí, a rezar el rosario y, seguido, a casa, sin más encomienda que aprender las lecciones del día siguiente y charlar un rato con los hermanos. Aún no había proliferado el virus de la televisión, que tanto daño siembra entre la adolescencia actual.

Lo supongo: Será un corretear el gusanillo del placer por las cañadas, incapaz de describirlo, sólo sentirlo. ¡Qué se siente siendo campeón!. Palpar el baño de oro y plata de la copa, no, que no es cuestión de trofeo. Apoteosis ganada a pulso. Me imagino algo así como cuando una cuadrilla de “expertos en literatura” sentencian que sí, primer premio en trenzar tonterías, metáforas, armonía tonal, metonimias, yunque verbal, iconoclasta de la forma, pluma bisturí, sin éter ni concesiones pedigüeñas de peseteros, en esta tierra descoyuntada.

Orden tajante: Quiero saber qué se siente al recibir los halagos del triunfo en un deporte y para unos señores que viven del sustento particular, sin cobrar millonadas indecentes, gentes de su familia, que nadie conoce por el nombre ni apellidos. Sólo “Portland San Antonio”. Que alguien me explique, por favor, esta fulgurante metamorfosis de vuestro ser, ¡campeones en nuestro lacio existir!.

Diario de noticias, 30 de abril de 2000

La palabra, una sola, puede trastocar la Historia. Una frase, corta, lapidaria, puede ganar una batalla o hacerte un estropicio. Napoleón forma a sus soldados ante las pirámides de Egipto y los arenga: “Soldados: 20 siglos os contemplan”, y expolia el país. Se trae el obelisco, lo planta en la plaza “La Concorde” y les roba tesoros sin cuento, hoy en el Louvre.

Ocurrió: En la “guerra de las banderas”, 1977, los españoleros, dirigidos por el ñaco gordinflón de siempre, sí, sí, me consta, siembran de tres palabras pueblos y aldeas de Navarra: “Los vascos quieren invadirnos”. Y ya está. A quemar la ikurriña y hacer estragos. Tres años después, con el horno caliente, a un parlamentario foral lo magullaron en la plaza de los Fueros a las dos de la madrugada. Lo dan por muerto, la ambulancia lo lleva urgente al hospital de Lizarra, de ahí al de Iruñea y lo dejan tullido durante un mes. Uno de aquellos “héroes” era entonces secretario local de UPN. El tiempo ya curó la herida, pero así fue. Y aquel parlamentario era yo. ¡Para que me hablen a mí de la “kale borroka”!.

Capitalino lehendakari, ahora nos sale Miguel Sanz con otra sandez, una más. Nos llama “aldeanos nacionalistas”. Si por algo recuerdo ”Tasio”, de Montxo Armendariz, es no sólo por el carbón y los cepos, sino por la pregunta del mozo a la moza, en el baile al aire libre: “¿De dónde eres?”, “De Acedo”, contesta ella con su carita de ángel. “¿Y tú?”. Y el chaval, del valle de Lana, replica: “Yo, de la capital”. ¡Hermosa escena de ironía y ternura!.

Ocurrente, el amigo Andoni, natural y vecino de esta ciudad de Biana, ¡que somos “ciudadanos” antes que nadie!, y no aldeanos ni capitalinos ni villanos, en cierta ocasión se empeña en entrar al “Ducal”, de Logroño. Había bajado toda la cuadrilla a “comprarse un serrucho” y el portero, de guantes, corbata y gorra de plato, al verlo con su atuendo pueblerino, le corta el paso con lenguaje de postín: “Usted no puede acceder con alpargatas a esta sala”. Y Andoni, gracioso, agilísimo de reflejos, sigue haciendo historia, se queja y le pregunta: “¡Es que hay barro o qué!”. Pues, eso, Mikel: Barro, cenaco. ¡Cuántas capitales europeas has pateado, Mikel!. ¡En qué universidades aprendiste el catón y las cuatro reglas!.

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