Las Cañas
 

Este no es un artículo escrito por Xabier de Antoñana.

 

Las Cañas, como numerosos humedales, también estuvo relacionado en su tiempo con ciénagas oscuras y lugares y seres misteriosos.Así, según dice Xabier Antoñana, profesor y periodista, las brujas y brujos de la comarca de Viana montaban antaño sus aquelarres en el término de El Salobre (junto al actual observatorio), cerca de un antiguo pantano que existe entre Viana y Logroño.

Según las descripciones de la época, los supuestos brujos de Viana solían ir al aquelarre cabalgando en escobas o montados sobre serpientes aladas, búhos gigantes, esqueletos de bestias y demás fantásticos medios de locomoción. A las 11 de la noche llegaban los dulzaineros y tamborileros de Viana, seguidos de una turba de chiquillos. Algunos de estos portaban un gallo atado de una pata, al que colocaban en lo alto de un tamariz (árbol dominante hoy en el Embalse) para que anunciase la llegada de la aurora. Poco antes de la medianoche, sonaba un trueno y aparecía el diablo. A su derecha solía estar Juan de Bargota (el brujo), con su célebre capa. Tras el devoro de cadáveres y los frenéticos bailes de las brujas y brujos, todos desaparecían con los primeros cantos del gallo.

Una de las brujas conocidas en Viana era Endregoto, una ciega que mató y descuartizó al conde de Aguilar para resucitarlo más rejuvenecido y pretender así a una joven del lugar. Esa era la esperanza del conde al encomendarse a la bruja.
A pesar del empleo de la magia, el conde no resucitó y Endregoto pagó su crimen con la vida en el mismo proceso que llevó a la hoguera a las brujas de Zugarramurdi (famoso también por sus aquelarres).

Y es que como decía un cantar castellano refiriéndose al espacio entre Viana y la capital riojana “En los campos de Logroño siempre anda suelto el demoño”

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