5 de enero de 2002

            ¡La música, mi carrera frustrada!. Tanto estudiar lenguas vivas y muertas, que si latín, griego, inglés, francés, ¡y para qué carreras de postín!. Para andar por el mundo, dicen, pero, si no tienes medios ni tiempo, de poco sirven los idiomas, a no ser que lo conviertas en la herramienta para ganarte el pan con el sudor de tu frente. Otros de mis amigos lo entendieron con más pagmatismo, más listos, eran los rezagados de la escuela, pero lo hicieron mejor, se dedicaron a crear empresas o plantar viña y hoy están forrados de billetes verdes, millones y millones gracias a la uva, y me alegro. Viven a costa del sudor de su frente, la del vecino, el jornalero. Ellos, mientras tanto, se plantan en hoteles de cinco estrellas de un Londres, por ejemplo, y no tienen reparo en comunicarse con los compañeros de viaje por medio de un chiflido de punta a punta del vestíbulo, y el gerente le llama la atención y le dice que “aquí, en Inglaterra, no se chifla de esas maneras tan pueblerinas”, y mi conciudadano le replica “que no, oiga, que es un hablar, mi amigo reconoce mi chiflido y ya sabe lo que quiero decirle”, ¡histórico!, y el gerente le mira y no comprende nada y el amigo millonario, tampoco, que no habla inglés ni falta que le hace.

¡La música!. Los gobiernos, a empezar por el Ayuntamiento de mi pueblo, incluido este concejal de EH marginado que soy yo, deben fomentar la enseñanza musical desde pequeños y crear corales, orfeones y escuelas. Que ni una garganta se pierda por esta dejación y abandono secular. Uno se reconforta cuando llegan por aquí los grupos de danzas del Baztan o bandas municipales de un Ribafora, Valtierra, Sangüesa, es un ejemplo, o el Orfeón pamplonés, al que no me duelen prendas en apoyar con mi pizca de dinero contante y sonante y cuya actuación en esta iglesia-catedral que tengo enfrente, aunque no enfrentado, dejó hace muchos años un recuerdo imperecedero en el vecindario.

El primer juguete del que guardo memoria fue una guitarra miniatura. ¡Por qué les pedí a los “reyes” que me echaran una guitarra! Aún no conocíamos el “Olentzero”, lo traje 45 años después, a través de “Ortzadar”, y hoy es multitudinario. Le saqué lumbre, rasgueándola una y otra vez, hasta que las cuerdas se cascaron y Logroño pillaba muy lejos para reponerlas. Ya de mayor, este tapón de oído me impidió seguir adelante con mi carrera frustrada, me iba por los cerros de Úbeda y me entorqué en las corcheas. Más tarde, uno intenta suplir con los alumnos esa falta de oído echando el resto en los fonemas, el ritmo interno, longitud vocálica, acentuación, armonía del grupo fónico, dicción, hemistiquios, cesuras, adjetivación, hasta desembocar en lo que más debe interesar, ¡la alquimia verbal!.

Y si conjuntas idioma y música, tal que Oskorri, uno se deleita escuchándole y pasas rencilla de no saber tocar un instrumento ni cantar como ellos, como él. Natxo de Felipe, tan agradable, siempre amable, sonriente, haciendo de la música poesía y de la poesía música sinfónica. La primera vez que conecté con este gigante de la comunicación musical, de quien nunca había oído hablar, fue hace varios años aquí cerca, en Oion, (Araba), no salía de mi asombro ante sus facultades pedagógicas y resultó una tarde inolvidable, la comarca entera nos dimos cita a beneficio de la ikastola. Jamás el Euskera podrá agradecer lo suficiente la labor ingente que este hombre de la sonrisa eterna está haciendo en su favor por todos los rincones de Euskal Herria. Sólo nosotros, hombres y mujeres de esta Ribera inhóspìta y seca de lengua nacional, podemos apreciar su magnitud y calidad. ¡Aprender euskera cantando!. Hator kantari hator denok. Todas y todos, y a curar las pústulas del 2001.

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