Deia, 26 de diciembre de 2001

            El instituto “Sagasta” de Logroño es un viejo caserón con 102 años a cuestas, edificio espléndido, sin esas arquitecturas modernas tan “pedagógicas”, que nunca sabremos qué le guía al maestro de obra para construir esas moles destinadas a la enseñanza, auténticas ratoneras donde te pierdes, quieras que no, por ejemplo, la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, un auténtico búnker de hormigón y que me pierdo siempre que voy, me extravío, dicho en lenguaje cañí, tal que aquel señor de mis tiempos de estudiante en Madrid, a quien le pido paso para acercarme a la puerta del vagón del metro y salir rápido, se aparta y me dice: “el camino está expedito, caballero”.

En mi instituto hacemos obras cada año para remozarlo, como en los conventos y en esta casa de 300 años y 15 habitaciones sólo del segundo para arriba, desde donde trato de agotar mis postreros envites al ingenio lúcido, es un decir, de nuestra clase política. Ahí cursé el bachillerato, igual que el santo varón Escrivá de Balaguer, por cierto, con notas mediocres, tanto él como yo, mal estudiante yo, que me pasaba las clases de Física y “Mate” leyendo a hurtadillas novelas y poemas, y de cuyos poderes, divinos, taumatúrgicos, espero una pronta reconversión a la fe de Jesucristo, ¡milagro, milagro!. Si mi difunta madre me oye, seguro que dirá, “tranquilo, hijo, no seas volteriano, el milagro voy a hacértelo yo”, y en ello andamos, para sosiego del tal Garzón, juez y parte, que para redaños en el diario quehacer milagrero y alimentar cinco hijos en los tiempos del hambre canina, la madre de uno, tan religiosa, tan practicante, ¡que ya vale de cuentos opusianos!. Exijo una peana santa para ella y todas las madres de proliferación generosa.

Esta Navidad, el Departamento de Religión, con Miguel Aragón al frente, ha hecho un cartel de felicitación para los 1300 alumnos. Y ha escrito Feliz Navidad en los idiomas de las 14 naciones origen de los hijos de la diáspora, rumanos, chinos, árabes, rusos, catalanes, etc. Pero faltaba uno, y el fallo se corrigió antes de editarlo, un olvido sin mala intención, todo lo contrario. O sea, un cariñoso Zorionak y en lugar preferente de la página.

En estos días, a uno se le ensancha el pecho, quiero enviar mi Zorionak particular a quien desee recibirlo con el corazón en la mano, sin oscurantismos ni retorcimientos, sobre todo a mi Presidente foral, quien, aunque apoya “menos al Euskera, por no ser lengua de la Comunidad Europea”, le gusta y “de joven hice mis pinitos, pero lo dejé por el inglés al hacer los estudios de maestro“, ¡con lo enrevesado que es el inglés, querido Miguel, para saberlo bien!. Pude comprobarlo durante mi estancia en Inglaterra a causa de la persecución franquista, despiadada, del año 1972 y después, enseñándolo, a la par que el francés, a mis alumnos y a los maestros y maestras riojanos en aquel “reciclaje” pueril durante el verano del 1974.

Zorionak a quien quiera recibirlo, incluidas mis amistades lejanas, quienes seguirán celebrando la Navidad en su celda blanca, terreno de clausura y el prohibido llamarme ni escribirme. Zorionak, con especial interés a quienes padecen los crueles arañazos de la sinrazón y la miseria. Zorionak a quienes se niegan a subir al carro del consumismo, inmoral, anticristiano. Zorionak a quienes, sin conocer el paisaje del manantial, se toman el arduo trabajo de leer estas crónicas de antaño y hogaño que van retratando nuestra geografía espiritual, destilan sabores viejos, tufillo rancio, fugaces ilusiones fosforescentes, y van trazando bocetos desgarrados de la convulsión política, moral y social que Euskal Herria está condenada a soportar “in eternum”.

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