1 de septiembre de 2001

La zanja en la que se atrincheró UPN frente a su feroz enemigo, el Euskera, está rozando límites insoportables. Y, entre réplicas, triduos y rosarios, aquí siguen sin resolverse los problemas, graves, acuciantes, de la sociedad. Es indigno los zarpazos, sucios, provocadores, asestados al idioma que más lucha por defenderse para sobrevivir. Resulta aberrante que un patrimonio cultural como ése, tan nuestro, del cual tan orgullosos deberíamos sentirnos todos y fomentarlo, ciertos euskaldunes lo desprecien hasta el extremo de desear con toda su alma borrarlo del mapa lingüístico y avergonzarse de usarlo.

Decretar el borrar señales de tráfico, rótulos, letreros de información y programas es acosar la paciencia ciudadana. Consigna santa: Hay que batirse el cobre contra el euskera a todos los niveles. La noticia que llega del Ayuntamiento de Orkoien es demencial. O sea, escribir “Orkoien” es peligroso, un uso desastrado de los “violentos” para incorporar Navarra a Euskadi. Por cierto, parece que ya se olvidaron de que los vascos quieren conquistar Navarra, incorporarla a la CAV, la soez “integración de Navarra a Euskadi”.

La Corporación acuerda el cambio de denominación al euskera y da un argumento aplastante, recoge con tino “la sensibilidad social y cultural del pueblo”. El Ayuntamiento quiere escribir “Orkoien”, que así lo pide la mayoría, por unanimidad municipal. Pero ese deseo popular no vale y, si hay que chocar con la anterior Dirección General de Política Lingüística, se choca y se le contradice. “Si hay que ir, se va y, si hay que pegar, se pega”, contestó Daniel Murgiondo Bengoetxea, “Remojón” de mote, guarda jurado de esta ciudad, al pedirle acudir a una zambra carlista, para quien el día tenía entonces 25 horas. El Secretario, don Manuel Latorre, le pide una explicación sobre la nota laboral que presentaba a diario, “24 horas más una para comer, total 25”.Y “Remojón”, honrado a carta cabal, le replica sin ninguna picardía: “Oye, majo, 25 o más, que yo no paro ni a comer”.

Dicha Dirección General publica un informe en 1999 que reza así: “La denominación en euskera de Orcoyen se corresponde con la denominación Orkoien, resultando que fonéticamente se pronuncia de igual forma en castellano y en euskera”. No obstante, salmón que se duerme no pasa la corriente y el actual director general de Política Lingüística sentencia que ni hablar, que dicho Acuerdo “se salta la Ley del Euskera al pretender que la nueva denominación de Orcoyen sea sólo y exclusivamente en vascuence”. Invoca el art. 8º de dicha ley y lo de “las zonas mixtas y no vascófonas”, en las cuales “la denominación será la actualmente existente”. Hace 50 años no más el ocupante borró “Orkoien” de la faz de la tierra y obligó a escribir “Orcoyen” con la brocha del terror y el tiro de gracia en la cuneta.

Andar con estos portes, incluido el quitarle la ayuda a “Egunkaria”, es para sacar de sus casillas a un santo, Estas batallas rastreras, machacar un Acuerdo municipal y anular la autonomía de la Corporación, que raya el contrafuero, ustedes, ¡tan fueristas o foralistas o qué sé yo qué!, y nunca más que nosotros, rondan las lindes del ridículo. Creemos que el señor Consejero de Educación, mi colega Jesús Laguna, remediará estos desmanes, que el día tiene 24 horas. El efecto, torpe, mezquino, que produce leer y escuchar tales noticias es demoledor. No sean tan ñacos, por favor, dejen en paz a Orkoien y su Ayuntamiento, el cual no se dejará comer el pan del morral, y dedíquense a la poesía, que igual ganan algún premio Nobel o, quizá, algún “Príncipe de Viana” al “talante democrático” que tanto ostentan con tanta torpeza.

Anuncios