Archivos para el mes de: septiembre, 2001

Estaba irreconocible, de punta en blanco, bien repeinado, rasurado a navaja y el aire de antaño, de cuando aún no se había malogrado ni había cruzado el umbral de un tambo, que de estas pendejadas hacía veinte años, a ojo de buen cubero, y su madre, la ‘Chenchi’, no podía llevar en paciencia en aquellos entonces que un retoño de su tronco se corrompiera por esos andurriales ni que cualquier desvarío que se cometiera en el lugar se lo achacaran al hijo de sus entrañas, que era ya demasiado endilgar, mas el vecindario no lo pone en tela de juicio, da por hecho que la bicicleta de manillar alto y farol de carburo que le pulieron al cartero y la necesitaba, el pobre hombre, para ganarse el sustento y no ir a golpe de calcetín a repartir el correo en el pueblecito de Urzante, a un par de leguas escasas de su pueblo natal, se la birló anteayer el ‘Minino’ y, a raíz de empezar a brotarle estas picardías, la gente coge el hábito de cargar todas las vainas en las costillas del infeliz rapazuelo y el chaval se defiende contra viento y marea, se pone en jarras y jura por Dios que no, que para qué quiere él una bici de manillar alto y farol de carburo, que de chulear hubiera cogido una de carrerista y se habría largado a malvenderla a precio de saldo al perista de Logroño, y añade sin reparo que yo soy formal, mas la compasión, que se sepa, nunca anidó en el cuartelillo y de palo o peñazo no se libra, le llueven los golpes con el cinturón pretoriano del churri encargado de sonsacarle de mentira verdad, cruel, sádico, que una madrugada de perros le propinó una somanta que lo deja tullido varias horas sobre el catre del calabozo, incluso se le pasa por la imaginación el arrancarle de cuajo la uña del dedo meñique de la mano derecha con un alicate, igual que hacía sin ningún empacho a los cíngaros y gitanos con el ahínco y la saña de los torturadores de oficio, “¡Elige el dedo!”, le aúlla desaforado, pero se mordió el ansia por tratarse de un vecino, y el ’Minino’ fue untándose el cuero de este jaez con las sangrías, tundas y desgarros que se buscaba a gatear coches y trapicheos de raterillo de tres al cuarto sin corbata ni cuello duro, “por mi mala cabeza”, según él mismo reconoce, que va de mal en peor, y los ingresos temporales en el furaco de Logroño, al menos dos tandas por añada, eran ya el pan nuestro de cada día y sin conseguir meterlo en vereda, extravíos que la ‘Chenchi’ no puede aguantar, le da torzón el pensar que su hijo, tan rollizo, fuese un caco manifiesto y durmiera entre rejas viniendo como viene de cuna linajuda de Baigorri, ella, la benjamina de doña Concha y don Ignacio, una de las relumbrantes haciendas del término, y la moza de Baigorri, espléndida, frondosa, un partido suculento, pero se le hizo de noche el día del casorio, colada perdida por el Miguelón, y qué bodorrio, de ajuar no le dieron ni siquiera el colchón y la luna de miel a lo sumo duró de sábado a lunes, la escasez de manteca por los salarios de hambre y sin horas al surco no le da más de sí, que Miguelón es jornalero eventual sin más jugoso patrimonio ni recursos que la luz del sol y unos brazos con qué trabajar en la labranza, y el generoso rasgo de amores la arrastró a la sima insondable de la privación y la congoja permanentes que le causan los siete cachorrillos, que a dos se los llevó de rorros el garrotillo, más el estigma de la soberbia paterna y la enfermedad interminable de su hombre en plena faena, que ni se cura ni la espicha, y el desbarajuste de educación que la ‘Chenchi’ les prodigó en la niñez, hasta que cada quién se arrimó a su querencia según crecían, el mayor resultó de una cordura envidiable y entró de zagal en la tahona, “que aquí te traigo el primer jornal, madre”, al par que le entrega satisfecho el billete de veinte duros, y sus hermanas corren peor suerte, se resisten a hacerse monjas y enterrarse de por vida en un convento a matar el hambre, y las manda obligadas, sin quince años cumplidos, de orzayas en familias influyentes de la capital, apellidos de nombradía imaginaria y casa fuerte, de blasón fantasma y piedra de sillería, y allí las abandonó a merced del vendaval, a pesar de darles a esa edad, unas chiquillas indefensas, tanto vértigo lo desconocido y la ignorancia, capazos de ignorancia, que logran ahogar en chorros de salitre durante la primera quincena de estancia bajo el techo de los señores, y el ‘Minino’, que sueña con lucir de mozo el uniforme verde aceituna y tricornio de charol, una ganga de oficio, acabó en la trena sin comerlo ni beberlo, el cacumen no le daba de sí para mayores arranques desde que, rondando los nueve abriles, se cae de un carro al columpiarse con los amiguitos y se le abre una brecha de casi medio palmo en el testuz, por cuyas secuelas el Gobierno le concedió, al cabo de recorrer ventanillas sin cuento y llamar a cien aldabas, la esmirriada paga mensual de disminuido, una birria, y se libró de la ‘mili’ por torpe, y los hurtos de rapaz destalentado le colgaron el sambenito de ser él, la mitad del mes de picos pardos y de novillos a jugar a pelota en el frontón, a los bolos o a coger gorriones y fruta por las huertas, quien chorizaba todo aquello que los tenderos de Oiauri echaban en falta, que a un albañil le cepilló inclusive algunas herramientas, la plomada, la llana y la piqueta, y lo afanaba para comprar pastillas de picadura en el estanco al empezar a fumarrear a una edad que no pasaba de los trece años y una tarde de montiña en el pinar se socarró la bragueta con la chusta por falta de costumbre.

Leer el resto de esta entrada »

1 de septiembre de 2001

La zanja en la que se atrincheró UPN frente a su feroz enemigo, el Euskera, está rozando límites insoportables. Y, entre réplicas, triduos y rosarios, aquí siguen sin resolverse los problemas, graves, acuciantes, de la sociedad. Es indigno los zarpazos, sucios, provocadores, asestados al idioma que más lucha por defenderse para sobrevivir. Resulta aberrante que un patrimonio cultural como ése, tan nuestro, del cual tan orgullosos deberíamos sentirnos todos y fomentarlo, ciertos euskaldunes lo desprecien hasta el extremo de desear con toda su alma borrarlo del mapa lingüístico y avergonzarse de usarlo.

Leer el resto de esta entrada »

A %d blogueros les gusta esto: