23 de diciembre de 2000

Uno de los pecados capitales de la cultura hispana ha sido el creerse el ombligo del mundo, los mejores en todo, hasta en eso de componer villancicos ramplones y cantarlos al son de castañuelas, zambomba y pandereta. Creíamos que no, que en el resto del planeta nadie poseía el menor bagaje de esa canción popular para ser cantada en estos días navideños. Nadie nos explicó que Jesús de Nazaret no nos mandó cantarle vulgaridades.

Y no. Sólo a los estudiantes de idiomas nos enseñaron que sí, que existía “Petit papa Noël”, una maravilla de composición, que nos habla de los buenos deseos de un niño, el cual se dirige a Papá Noël en primera persona y le hace partícipe de sus ilusiones y sus portes durante el año e incluso se muestra egoísta, como cualquier mocete, cuando le pide que se dé prisa, que en una noche no va a tener tiempo de posarse en todos los tejados del mundo y que primero lo haga en el suyo. Nos enseñaron que existía “Mon beau sapin”, “Douce nuit”, “Noël blanc” y el alemán “Stille nacht”, pero no “O tanneboum”, una joya.

De villancicos vascos, ni uno. En este trocico de tierra fértil que se llama Ribera de Nafarroa nadie nos enseñó que también existían canciones navideñas, preciosas, recogidas del meollo de los pueblos, salidas del corazón del alma popular. Nadie nos las cantó, que hasta eso estaba furiosamente prohibido, por el simple hecho de ser cantadas en euskera. A nuestros antepasados les impusieron el castellano a mazazos. En aquellos tiempos de terrorismo cultural, ¡ni una palabra en euskera!. Y uno siente vergüenza de aquellas gentes que dirigieron y amordazaron nuestra niñez y juventud. Y ahora nos viene Miguel Sanz, nuestro lehendakari foral, y otras hierbas en permanente persecución del idioma patrimonio de todos los navarros. Que el euskera no lo trajeron ni lo impusieron aquí los vascongados, ¡que no!. Ese idioma es nuestro, del Viejo Reyno, y nadie tiene derecho a arrebatárnoslo. Tanta ceguera traerá consecuencias lamentables. Nadie quiere percatarse de que, con tanta inquina, se está cociendo una rebelión popular que tardará más o menos en estallar, pero saltará. Será en defensa del euskera, pero una vez más nos llamarán terroristas. Y ciertos nativos se lo creerán a pies juntillas, porque lo dice el patrón del Poder. ¡Así somos de listos, navarros de palio y cirio!.

Y a esa sacudida, sí. A esa turbulencia nos apuntaremos quienes, hoy y ayer, sufrimos tanta ignorancia lingüística. En cierta sesión de ayuntamiento, hace unos meses, lo dije tal cual a los representantes de UPN: “Si se trataría de lanzar el programa de fiestas en inglés, no pondríais ninguna pega. Sería en inglés, pues, amén, pero como se trata de hacerlo en euskera y castellano, guerra a muerte al euskera. Y no os olvidéis de que los corderos ya se han hecho carneros”. Eso dije y digo más: ¡El euskera es intocable y sus profesores de AEK no son terroristas!. Quienes sí deben quitarse el lastre son quienes, euskaldunes, sienten vergüenza de hablarlo y prefieren comunicarse en castellano, que es lengua culta y el euskera, dicen ellos, es lengua de aldeanos y analfabetos. Crear villancicos a tenor de los tiempos, que expresen los problemas sociales candentes, es lo que debemos componer y dirigirnos con ellos al Olentzero y al Niño de Belén y a ese otro destello de la imaginación llamado Reyes Magos.

Nota del autor:

Digo “Si se trataría de…” y no “Si se tratase de…”. Empleo el condicional, que así consta en acta y así hablamos por aquí, y no el correcto subjuntivo.