Deia, 17 de noviembre de 2000

         Desde que Émile Zola publica el 13 de enero de 1898 su “J’accuse”, mil veces invocado y peor remedado, el pensamiento ha avanzado muy poco en el luchar contra las tiranías, dictaduras y democracias carnavalescas. Zola defiende al capitán Dreyfus, condenado a cadena perpetua, invoca su inocencia, se le condena a 1000 francos de la época y a un año de prisión, y se refugia en Inglaterra para no pisar la cárcel. Luego resultó que el autor del estropicio, una carta anónima con secretos militares atribuida a Dreyfus, fue un agente del Ministerio del Ejército, un tal Esterházy, del S.R., el CESID español. Francia ardió en una campaña antisemita, dirigida por “L’Aurore”, diario conservador. Dreyfus es rehabilitado el 1906 y combate en la 1ª Guerra mundial como teniente coronel. Zola muere el 1902 en circunstancias sospechosas de asesinato y en plena actividad literaria a los 62 años y el 1909 es enterrado en el “Panthéon” de hombres ilustres.

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