Deia, 26 de octubre de 2000

Te permites la osadía de insinuar que sería mejor reducir la tinta de aquellos zapatos viejos, 80 páginas, una colección de esquelas, cada artículo o titular era una esquela, demasiada tinta, demasiado gasto inútil en tinta. Había que estilizar el cuerpo. Y la sorpresa llega con el aniversario del Estatuto, otro ancianito con achaques incurables. Todo se hace viejo en cuatro lunas, que el tiempo corre a velocidad de vértigo. Me lo preguntaba, en el Nafarroa Oinez’2000, el nieto mayor, con sus ocho añitos, el euskera metido dentro para el resto de su existir: “¡por qué se pasan tan rápido las horas, aitatxi!”. Un hablante más reconquistado a la sinrazón y la canalla que un día aciago quiso arrancar de raíz todo vestigio de identidad. Miles de vástagos recuperados a la lengua antigua de este Viejo Reyno que despedazan a cachos tirios y troyanos, mientras los nativos no logramos, ¡baldragas!, liberarnos de tanta vejación.

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