Los miras y pasas una rencilla enorme, es un lujo, la fruta prohibida que no puedes saborear. El “encierro” es el acto ritual de la liturgia sanferminera. ¡Qué ocurriría, si no se celebrase!. La multitud, sobre todo foránea, siente una especie de desafío: Si no lo veo y lo vivo, sería como si no hubiera disfrutado de los “sanfermines” en su jugo y esplendor.

Urge hacerse con un balcón a toda costa. Se apalabran ya de víspera o con un año de antelación. Y mi buen amigo japonés, Tanaka de nombre, me llama y pregunta que si le alquilo uno y, al responderle que sí, que le alquilo seis, no sale de su asombro. Nos citamos en la plaza del Ayuntamiento de una tarde asfixiante, centro neurálgico de la ciudad, no falla, y las pupilas se le alumbran al decirle que podrá traer a todos sus amigos. A la mañana siguiente, 36 japonesitos suben escaleras arriba en un silencio sepulcral y se desparraman por las habitaciones. Y así seguimos, Tanaka ya no duda de mi palabra de honor, ¡le costó un rato!, y este año será el día 9 a las 7 y cuarto.

Jamás hubiera yo imaginado que el espectáculo atrajera tanto el ansia de contemplar mozos y toros en tal enjambre de emociones. No paran de echar fotos a un lado y otro de la calle, pero no gritan, esta gente no grita, tienen paralizado el habla durante esos segundos de recorrido. Y luego me piden hacerse una foto conmigo, yo de punta en blanco. Ante todo, el recuerdo imperecedero de su paso por “San Fermín”. Y continúan hacia el castillo de Javier, a las 10 en Javier: “Que no somos católicos, pero su Santo de ustedes estuvo en Japón”. Y yo ni acordarme de tal andadura de mi tocayo.

Observo que me coge más aprecio al saber que me llamo como él y firmo como él firmaba, “Xabier”. Y Tanaka me dice adiós, yo le respondo “Agur”, que lo aprende a la primera, y hasta el año que viene, los seis balcones serán para los japonesitos.

Sólo me queda una pena: Hace dos años le negué la entrada a un colega periodista francés, muy alto y moreno, quien sólo quería sacar fotos. No comprendió que estaban abarrotados y era imposible. Me gustaría arrancarme la espina: Si vous en revenez et que vous lisiez par hasard ces mots, attendez-moi à l’heure et sur le même endroit, je vous en prie!.

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