Tienen un sabor especial. No son orquestas de alto rango, artistas anónimos. Las oyes y la sangre se te revuelve, te enciende, te riza sueños de juventud, que ya se caneció y todo sigue igual. La “peña” son ahora tus hijos y tus nietos, con más ganas que nunca de romper y rasgar, exigirlo todo, reivindicar el aire que respiramos bajo el paraguas del sigilo policiaco.

Los ojos y oídos del Rey no descansan ni en San Fermín. Y no precisamente para librarnos de los manguis y chaperos que proliferan por los rincones de Iruñea y en las horas punta, la hora anterior al “encierro” y la salida de las “peñas”, que el “txupinazo” les da pánico, pavor, ¡con lo bien que se pasa!, y el “Riau-Riau” nos lo abortó la negra ultraderecha disfrazada de “pamplonica” cuesta arriba de “Santo Domingo” de una tarde negra de hace tres años y tardará en volver. Y los carteristas se aprovechan de ti mientras escuchas embelesado lo más granado del repertorio de una txaranga cualquiera, sea en la plaza del Ayuntamiento, la plaza de los Ajos, de la Aduana o “San Francisco”. Y no digamos nada si se aposenta en Navarrería, la Mañueta o la plaza de la Cruz.

Los “chorizos” se mezclan entre la mocina, vigilan, siguen los andares de quienes han llegado de los pueblos, ¡se les nota a la legua!, y comienzan a danzar, toda la fiesta es danza. Y el mangui se les acerca, uno por uno, y se hace el borracho y se abraza al incauto, “¡qué majos sois los navarricos!”, que el “-ico” lo aprenden muy bien, les habla a la oreja, y que de dónde eres, ¡y tú te lo crees, imbécil!. Hecho el agosto, se esfuma como por ensalmo. Al uno 30 mil pelas, al otro 50, al otro 75 mil y al otro 5 mil duros.

Luego, te vienen lloriqueando: “¡Qué hago y a dónde voy a reclamar, que tú, “Xabi”, conoces el percal!”. ¡Cuándo vas a aprender, pardillo!, ¡reclama al maestro armero!. A nadie se le ocurre andar por San Fermín con tanto dinero encima, con dos mil duros basta y sobra. Y, ante todo, jamás lleves cartera, a lo sumo el DNI, por aquello de la “secreta”, de la que está sembrada la ciudad entera. Y mete las chauchas en el bolsillo de la ingle, jamás en el de la solapa de la camisa.

Y llega la “moza sanferminera”, se te acerca, te abraza susurrante, melosa, te arrincona en los soportales de la plaza del Castillo y te dice qué guapo eres y cuánto me gustas, que quiero acostarme contigo. De pronto, te dice que espera un poco, majo, incluso esta palabreja se la aprendió de víspera, te deja con la miel en los labios, que voy a por la llave del piso y espérame aquí, vuelvo dentro de cinco minutos, ¡eternos minutos, mamón!, ya te ha birlado los ocho mil duros que llevabas en el bolsillo de atrás del pantalón blanco. Y la moza desaparece por la “Bajada de Javier” hacia “Estafeta”, se cambia de rincón y si te he visto no me acuerdo.

Mientras tanto, entre el atardecer y la medianoche, las txarangas no cesan de actuar, las bandas de txistularis recorren las calles de Iruñea, ¡la ciudad es música!, se paran, interpretan, que ésta es la mejor, comentan, viene de Azkoitia, en Gipuzkoa, o de las Encartaciones, que Pamplona os recibe con los brazos abiertos. Y otra txaranga llega de Valencia o de Iparralde, ¡que viva San Fermín!. Y la “Pamplonesa” se acuesta temprano, que mañana hay que madrugar para el gran momento de las “dianas”. La “Pamplonesa”, la gran txaranga nacional, a quien los nativos queremos, respetamos, acariciamos con la mirada. Capaz de interpretar en el Gayarre, garra a garra con el Orfeón pamplonés, el “Nabuco” y “Carmina Burana”, ¡una delicia reciente!. ¡Viva San Fermín!, ¡Gora San Fermín!. Y, un año más, sólo faltan los presos, ¡un asco de vida!.

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