No utilizo “panfletos”, y mucho menos como “libelo difamatorio, opúsculo de carácter agresivo”, sentido que le otorga sólo la Academia española, la del lema “limpia, pule y da esplendor”. Ni en francés ni en inglés se le da ese significado tan de agresivos “expertos”.

Acojo con fruición el léxico de las gentes de mi ciudad de Biana, ¡el más rico diccionario!, junto al “María Moliner”. Hago acopio de sus dichos, metalenguaje puro, y los traslado con el mayor tacto posible y la sana intención de no ofender “ni entristecer al personal, que bastante tengo con lo mío”, me aconseja un comunicante en “Cartas”, a quien agradezco noblemente su crítica a la amargura que transmito, la cual nunca imaginé.

Zambras que cuentan diarios, radio y TV. son las que producen coraje, impotencia bajo la corrupción. Chandríos trágicos, que no permiten quedarse mudo ante el cruel paisaje.

Incluso apunta que “se palpa la rabia, el odio y la amargura”. Habría quedado mejor “se palpa rabia, odio, amargura”, si bien no me permito enmendar la plana al señor o señora que me escribe bajo seudónimo. “Panfleto” no es ofensivo en sí y, etimológicamente, sólo significa “texto breve”, arma dialéctica en la lucha política o ideológica, ya en Grecia y Roma. Un autor panfletario fue Voltaire, o sea, un pobre diablo del pensamiento universal. Él, Victor Hugo, Sartre y Quevedo fueron de los autores que más usaron la “octavilla”, el libelo, el panfleto. El vocablo aparece en inglés medieval, síncopa de “Pamphiletus”, diminutivo de “Pamphilus”, título de una comedia latina del s. XII y de un poema amatorio, “Pamphilus seu de Amore”. Fue muy eficaz para combatir el “yugo estatal, el fascismo, las hordas militares y demás tópicos panfletarios” que me atribuye tal firma. Por cierto, eso de “hordas militares” jamás lo he empleado ni “yugo” es un término que frecuente, me trae recuerdos extraños: El yugo y las flechas falangista, el yugo que pone el cura sobre los hombros al casarte o el yugo en la yunta de bueyes, sin olvidar la Virgen del Yugo, ermita de Arguedas. Y lo que nunca he citado es “yugo estatal”. No obstante, en otra ocasión cantaré una jota a fin de contagiar la “alegría” ribera a los lectores, si bien hay jotas que destilan torrentes del sufrir, sobre todo las que hablan de represión policial y reivindican los eríos y pan para los pobres. Las más hablan de amor y la Virgen del Pilar, pero de ellas se tratará en su día y punto, que ningún sabio en ciernes me comerá la moral, si era eso lo que buscó, ¡y me pienso que sí!.

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