Runrún de triunfo, la plaza del Castillo es una fogata de sensaciones, una sola. Después de la siesta de unos años, vuelven las aguas a su cauce. Brota, revienta el ansia de ser primeros y permanecer, lo difícil. Se contempla sin pasión el espectáculo y disfrutamos viendo a la gente latir al unísono, alegría colectiva. La plaza era un mar rojo, Jarauta era un mar rojo ya a las dos y media de la tarde.

Orla del estar, permanecer, que se palpa. Pero aún queda el último peldaño. La desazón te corroe y preguntas a los entendidos: “Y si pierde, si empata, ¡qué ocurrirá en el Sadar!”. Y el amigo Fermín Ratón me tranquiliza, a mí, que jamás he pisado una grada, salvo para el “Bai Euskarari”: “No pasará nada, sólo diez minutos amargos, luego será un “Pobre de mí”, ¡ya falta menos!, eso será”. Pero no hubo lugar, ¡metamorfosis de la duda en euforia colosal durante la segunda mitad!. Las “Peñas” se aplanan, resurgen, corean, Javier Miranda resopla y luego vibra, aletea con ellas, genio de presidente, y abraza sin reparos a la alcaldesa, ¡por qué no!. Y a las 9, la apoteosis por calles, balcones y plazas de Iruñea.

Juro lo dicho: Jamás pisé un campo de fútbol y no consigo entrada para el gran día. La pantalla gigante me alivia del sofoco junto a los castas “Indar gorri” y suple con creces el sentir el fenómeno social en ambas vertientes a la par. A pesar de la lluvia, importuna, la pira de emociones toma fomento, su punto álgido en el kiosko, ¡todos veinteañeros, incluso yo!. Bufandas y estandartes colorean la multitud y no faltan ni las proclamas a favor de los presos, que también caben. Aquí entra todo, con respeto y sensatez, que seamos ejemplo cívico para los foráneos. Mucho hay que aprender de nuestra mocina, ¡al menos, este viejo!.

Oigo a un zurdo decirme a la mañana siguiente: “A mí me es igual, no soy forofo, pero hoy me siento un poco más rojo que ayer”, sólo eso, ¡que ya es decir!. Sin chauvinismos ni bucles patrioteros ni hacernos tragar que Osasuna es Navarra y Navarra es Osasuna. ¡Que no!, no sacar los quicios de los goznes ni olvidar los graves problemas sociales. Lo esencial es saber, tal que le pregunté al “Portland San Antonio”, ¡qué se siente al ser recibidos como héroes griegos!. Sin arrugas ni resacas viejas, sin guardias ni alguaciles. ¡Zorionak!.

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