Pues, sí, el madrugar destempla, dicen. Peor son los turnos, mañana, tarde y noche, una mala pasada. Sufrir una fábrica me ocurrió una vez, de estudiante, fábrica paramilitar en Paracuellos del Jarama, Madrid, fabricadores de tubulares para obuses, ¡a cobrar, chulapos, sin pisar la viña!. Resulta lacerante pensar en los turnos, que jamás volverán las tornas.

A cumplir horarios a rajatabla. Si no fichas a tu hora, te descuentan. El “encargado”, figura inentendible, te llama la atención, te amenaza con el despido. No comprendemos que alguien trabaje mejor bajo la amenaza del miedo. “Ganarás el pan con el sudor del de enfrente”, consigna inconfesable, y no “con el sudor de tu frente”, maldición divina, otro cuento. Artimañas del amo para librarse de maulas irredentos, que lo son de raíz, cuestión de genes. Y nadie es un mal peón, si se trata con dignidad y salario propio, que es persona.

Rumio el oficio, que me aburriría sobremanera, vagar a la deriva por los soportales de la plaza de “Los Fueros”. El gusto por la labor, trabajar para vivir, lema del reciente 1º de Mayo, debe latir en uno mismo, que no sé realizar otro menester, aún a sabiendas de que nadie me controla, sólo mis alumnos, a quienes rindo cuentas, sólo a ellos, negreros finos.

Orgulloso de la tarea, patrón de mí mismo y jornalero del vecindario, hago el encargo sin reparo al controlador. Vivir a gusto, trabajar para vivir. Pero uno se resiste, no nació para semejante encomienda. Uno se alumbró para trabajar, vivir de trabajar. De lo contrario, ¡qué pintamos aquí!. Golfear, enviciarnos, tapete verde, chiquitear, dar vueltas por las murallas, soñar con vacaciones, nuevo coche, último modelo. Al estilo de los franceses, ¡y yo no quiero, de estas trazas, ser francés ni español!. Quiero madrugar, meter horas extras gratis sin cuento, incluso en verano, preparar a conciencia las clases, en el tajo a primera hora, exigente consigo mismo, gustarse de la propia labor. Que mis alumnos aprendan lo máximo en el menor tiempo posible, ¡ley didáctica del mínimo esfuerzo!, vaciarnos en ellos, pensar en ellos, ahora que andamos de exámenes finales y el engendro de la ESO se pone en carne viva, estúpida llaga nacional, y se destripan los fracasos, ¡Ley del gran fracaso escolar!.

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