Diario de Noticias, 5 de mayo de 2000

Imposible escribir “Antonio”. El director es un tacaño y no le presta más espacio al titular. Mas, ¡qué importa!. El vecindario lo sabe, os conoce y os tributa honores de héroe griego. Ya se ha enterado de que “Portland San Antonio” campa y lo ha colmado de gloria.

Da grima: Cada amanecer te haces más y más preguntas sobre la vida gastada, perdida en tacañerías. Echas en falta los años mozos, que ya se fueron, se acabó, despilfarros, paraísos de arena. Nos tenían comido el ser entre confesonarios y reclinatorios de las capillas de mi iglesia, esta joya renacentista, ejemplar único, que se quedó en los hilvanes y no llegó a catedral. Luego, el fuego, una colilla mal apagada, la desmochó el 14 de agosto de 1954. A las tres de aquella tarde de bochorno empezó la pavorosa hoguera.

Otros deportes, ¡por qué no!. Sólo teníamos el frontón, tardes agotadoras, sin parar, un partido tras otro y, de allí, a rezar el rosario y, seguido, a casa, sin más encomienda que aprender las lecciones del día siguiente y charlar un rato con los hermanos. Aún no había proliferado el virus de la televisión, que tanto daño siembra entre la adolescencia actual.

Lo supongo: Será un corretear el gusanillo del placer por las cañadas, incapaz de describirlo, sólo sentirlo. ¡Qué se siente siendo campeón!. Palpar el baño de oro y plata de la copa, no, que no es cuestión de trofeo. Apoteosis ganada a pulso. Me imagino algo así como cuando una cuadrilla de “expertos en literatura” sentencian que sí, primer premio en trenzar tonterías, metáforas, armonía tonal, metonimias, yunque verbal, iconoclasta de la forma, pluma bisturí, sin éter ni concesiones pedigüeñas de peseteros, en esta tierra descoyuntada.

Orden tajante: Quiero saber qué se siente al recibir los halagos del triunfo en un deporte y para unos señores que viven del sustento particular, sin cobrar millonadas indecentes, gentes de su familia, que nadie conoce por el nombre ni apellidos. Sólo “Portland San Antonio”. Que alguien me explique, por favor, esta fulgurante metamorfosis de vuestro ser, ¡campeones en nuestro lacio existir!.

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