Archivos para el mes de: junio, 1999

 Deia, 26 de junio de 1999

‘Es el momento’, sementera fructífera por pueblos y aldeas de Nafarroa. Y así debemos llevar adelante el Acuerdo de Lizarra-Garazi. No hay tiempo que perder, que faltan fechas para cumplir sus aleteos seculares.

Es la hora de la creación del Estado Foral Vasco, un Estado fuerte y moderno, neutral y bilingüe, que reúna en auzolan las energías de la ciudadanía de dentro y de la diáspora, de quienes decidieron establecerse aquí, trabajar aquí y dedicar su existir al servicio de Euskal Herria, hijos, hacienda y sudor, así como trato idéntico con quienes deseen continuar la batalla dialéctica que se inició a partir del 16-9-98, fecha crucial, a pesar de las uñas que debamos limar en la senda de la reconciliación, la democracia real y la Paz permanente.

Hay que limpiar de grama Euskal Herria, que la palabra se la lleva el viento. Nadie debe ‘hacer las maletas’ ni sentirse incómodo en este Estado que tenemos obligación de crear. Queremos hechos, más hechos y menos palabras. Lo que hay aquí es de aquí, de la ciudadanía vasca, que a EH no lo acorrala ningún ‘parto’.

Es el momento de asentar las bases estructurales, recomponer este rompecabezas de país que hemos heredado, despojo de las invasiones y migraciones programadas por los foráneos, incluidos Obispos y canónigos que han ido desfilando por la calle ‘Dormitalería’ de Iruñea. Y no vamos a tolerarlo. Lo que está en el río es del río y hay que empezar a curar las llagas y mordiscos de tanta riada y sumisión a Madrid y París. Los navarros de Hegoalde debemos continuar trabajando a conciencia en favor de nuestro Viejo Reyno, la Navarra soberana que se codeaba de tú a tú, de Nación a Nación, con los Estados europeos siglos antes de que España ni Francia existieran como tales Estados. Y nuestros hermanos de Iparralde deben considerarse navarros y no franceses, que París esquilmó la población, ¡limpieza étnica sin piedad!,  y agostó, arrasó la cultura euskaldun.

Es la hora de trabajar en las instituciones forales, no para ganar unos comicios de los mal llamados democráticos, sino para limpiar la tierra de la maleza y nos permita avanzar. Es hora de impulsar nuestra cultura, las costumbres, la forma de vivir y organizarse socialmente en un Estado moderno, la Navarra de nuestros padres, reunificada bajo el Monumento a “Los Fueros” y el clamor unánime: Que se reintegren ellos.

Es el momento de recuperar la propia identidad, que los pueblos de la Ribera saben mucho de represiones, carnicerías al alba y limpieza ideológica. Y queremos un pueblo culto, que ya vale de ser considerados ciudadanos de la Ignorancia, ñacos y cazurros, fuente de chistes y zarandajas de pésimo gusto.

Es la hora de fomentar las Artes y las Ciencias, que situaron a Navarra en su escaño del concierto de las naciones florecientes y poderosas. Se acabó el hacerle carantoñas al cacique, protegido por cinco ‘gorilas’, cinco, sí, por las calles de Iruñea, pagados por ti y por mí. El esplendor de la Navarra dueña de los territorios que hoy conforman las Vascongadas está llamando a la puerta de nuestras conciencias. Esos territorios son nuestros y es hora de recuperarlos con la daga de la palabra y el buril de la cultura y el progreso.

El MLNV quiere vaciar el costal y llevar la imaginación al poder, inventar proyectos, generar poderío a lo largo y ancho de la vieja Nación, descoyuntada a manos de intrusos y colaboradores, quienes sólo ansiaban mando y heredad. Se acabó aquello de ‘Navarra, tierra de caciques’. Va en ello el porvenir y el honor de cualquier navarro de nación. Aquellos caciques, zonzos, le amargaron la vejez a Navarro Villoslada, ‘Cantor de la raza vasca’, por estos pagos, hostiles, mugantes, y borraron el Euskera a palos, coscorrones y prisión.

Nadie pudo ni podrá jamás domar al Pueblo vascón. Y ahora,  menos que nunca. Partidos e ideologías, intelectuales, financieros, obreros y empresarios, tenemos la gravísima obligación moral y política de no jugar con fuego ni tacañerías y conseguir que la serpiente no despierte más y se duerma para siempre. Garaia da!.

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Deia, 12 de junio de 1999

Se busca un gramo de vergüenza. Quienes programaron semejante ‘encierro’ con tal precisión de perro, que saben en cada momento el horario exacto de su amo, no tienen el más mínimo pudor en las entrañas de hombre, si es que tienen entrañas de hombre o corazón de hiena. García Lorca escribió que Ignacio Sánchez Mejías murió en el albero ‘a las 5 en punto de la tarde’.

El día 5 a las 8 en punto de la tarde y en la plaza de toros de Iruñea, escenas para un poema inmortal. Que algún poeta, de esos tan excelentes que tenemos en Euskal Herria, se ponga manos a la obra y componga toda una epopeya, que cante la lucha popular de un pueblo acorralado en el recinto taurino contra la gente uniformada, atuendo de hierro y plomo, “aquí entráis hombres y mujeres y salís policías”, les dice el instructor al llegar a la ‘Academia’. Admiro al domador de la bestia, los tigres de Bengala en el circo ‘Universal’ de ‘Cuatro vientos’ con mi nieto Ander el día 6 de este junio descoyuntado, lluvioso y luminoso a la par, que hasta el tiempo está desquiciado. Y así ha resultado la campaña electoral, que parece como si esos parlamentarios forales de tanganillo, que sólo buscan un talego de medio millón mensual, hubieran salido de una loquería.

Justamente a las 8, Otegi se dirige a la multitud bajo los paraguas y que Ynestrillas, borracho de una España imperial, odiante y medieval, sembraba el pánico en la Plaza del Castillo. Extraña, sospechosa conexión cronométrica. Y Ansuategi, el glotón polar, se piensa que nos chupamos el dedo.

¡Pura casualidad!, que A. Otegi (‘Oteji’, dice Miguel Sanz, rebosados los ojos de odio a todo lo vasco) acaba de abrir los labios en la tribuna de oradores y se para, cogido por la sorpresa, y pregunta qué pasa, que la muchedumbre quiere bajar de los tendidos para detener la avalancha que llega por ‘Roncesvalles’, el mismo punto y lugar donde cayó muerto por el rejón de una bala el mozo Germán aquel aciago 9 de julio del 78.

Otegi pide serenidad, no responder a la provocación, mientras Ynestrillas sigue campando por sus fueros y sus gorilas arrancan del kiosko una pancarta en Euskera. A Lizarra no le permitieron entrar y, en cambio, le dejan llegar al corazón de Euskal Herria. ¡Por qué!.

Mientras tanto, en los pasillos del redondel se viven escenas de pánico, padres y madres que protegen a sus hijos contra la bestia, el histerismo colectivo se adueña del público, los mozos piden calma a la multitud y cierran los portones para que no entren los morlacos, empeñados en invadir el recinto y que el mitin termine en otro estrago. Los mocetones que se plantaron en la puerta principal y evitaron que la batalla urbana del 78 se repitiera por las calles de Iruñea se merecen un recuerdo digno en la Historia, que no sé ni cómo se llaman, que sólo les dije ‘ahora mismo aviso a Patxi Zabaleta para que salga y hable con esa gente’.

Los minutos corrían y duró una hora de angustia, histeria y locura. Consigo salir por una puerta lateral y el espectáculo que me encuentro en los aledaños de la plaza es espeluznante. Estamos rodeados del ‘orden constitucional’ y los mozos se protegen de las cámaras de vídeo, la moderna policía secreta, de Orwell, se colocan los pañuelos y la batalla arrecia, que les hacen retroceder hasta ‘Carlos III’ en varias acometidas, hermosa página de la lucha popular contra el invasor español. Al pasar solitario hacia ‘Estafeta’, me silba una ‘pelotita’ de un madero que me apunta con el trabuco desde el ‘Niza’ y le increpo ‘dispara, si tienes cojones’.

Mientras tanto, Ynestrillas, el “Picha fría”, condenado el otro día a 7 años de cárcel por meterle dos balas en el cuerpo a un señor que se negó a fiarle un gramo de cocaína, abandona Iruñea protegido hasta los dientes por la Policía Nacional, o séase, un héroe inmortal. Con estas cochinas artimañas de hostigamiento al mundo abertzale, no vais a ganar ni indulgencias. Amén.

Deia, 4 de junio de 1999

Un profesor de Retórica en el seminario de Logroño, de nombre D. Faustino Diaz de Zerio, cuyo retrato quedará fijo en la historia de estas tierras en su día y punto, aconsejaba a los futuros sacerdotes: “Suba al púlpito, diga lo que tenga que decir y bájese.”

Y ya es hora de aprender la lección. Esta campaña electoral está resultando vacía, sin contenido, el uno repite los ecos del amo de Madrid, el otro suelta amarras de su ídolo de cartón Urralburu, hila palabras y palabros y al final no se sabe qué quiere transmitirnos, qué hacer, qué proyectos oferta al municipio. Y urge remodelar las entrañas de nuestras jaulas, lo único importante para quien se proponga dirigir la vida ciudadana de su pueblo natal.

Por causa de ese desbarajuste, producto de la falta de arraigo, es decir, carecer de raíces donde deseas gobernar, llegan las anécdotas más peregrinas. El día 30 habla Juan Cruz Alli, líder del CDN, en la plaza de ‘Los Fueros’, tan coqueta, al calor de la Historia, de esta enigmática Ciudad de Biana y cuando suelta lo de “…la nación navarra…”, un convecino, situado junto a los portales, grita algo que me atañe directamente y que no sé cómo interpretarlo, si un halago o un desprecio a la Nación vasca: “Seguro que a éste lo ha mandado Antoñana a que diga eso”. ¡Trastornos de la opacidad ideológica, querido Juan Cruz!.

Otros hablan sin creencias, sin fe, sin convicciones, mantudos, sin garra, sin modulación de la voz, a gritos, y ya tratamos en su día aquello del ‘Griterío’, y lo hicimos adrede, previendo estas desastrosas formas de comunicación. Nunca aprenderemos.

Hay quien agacha la cabeza, le da reparo mirar cara a cara, a los ojos del oyente, el tanganillo de la incongruencia le dobla la testuz, leyendo de reojo el papelillo, como si aún no se supiera el guión. Si nosotros mismos no creemos en lo que decimos, qué podemos ofrecer y con qué firmeza. Así sale lo que sale, protectores de ‘cazaprimas’, ‘cazos’, nidos de liendres y chanchullos.

No es extraño que Aznar reúna 1000 seguidores, poco más, en el Anaitasuna de Iruñea, y eso que UPN puso autobuses en los pueblos, y se queja indignado: “No existe demasiado interés en lo que yo pueda decir”. Aún ignora que, para cualquier navarro que se precie, el enemigo número 1 siempre fue Madrid, que así nos lo enseñaron nuestros padres. En ese mismo local, H.B. ha ‘metido’ 7000 y E.H. llenará el día 5 la plaza de toros y ‘Bai Euskarari’ abarrotó el Sadar, 24.000, que la gente nos cree. Aznar, la metáfora coja de la España laurel, no sabe aún que UPN huele desde hace meses a escisión, se partirá en dos tras el 13-J, menguará y menguará hasta morirse de morronear.

Entre el mundo abertzale, moderado o radical, e incluso en el de la izquierda consecuente, funciona un estupendo plantel del buen decir y mejor hacer, oradores cuyo discurso es firme, rotundo, y cuyas palabras son un fluir constante de ilusiones hilvanadas con coraje y decisión, convencidos de las ideas que transmiten, sin levantar con exceso la voz, enviándonos a través de sus tersos movimientos de las manos, ¡que los dedos hablan!, el mensaje que Euskal Herria necesita en estos momentos, y nunca a puñetazos, que ciertos cualesquiera sueltan puñetazos al público desde la tribuna tal que anduvieran  matando moscas al vuelo.

D. Faustino Diaz de Zerio fue un santo varón, de los de uno cada cien mil. Su retrato quedará fijo en la Historia de estos pueblos a las faldas del imponente Ioar, elefante azul en los azules amaneceres de Junio y a pastar en las fértiles sernas de la Berrueza hasta el Ebro, la muga real que trazaron los vaivenes de este planeta descoyuntado, aterido de frío, que estamos dejándolo sin ni siquiera plumones, de tanto devastar y talar sin corazón, un despojo de planeta. Y don Faustino, una institución en la comarca, con su hablar dulce, sencillo, sin grandes alardes, una montaña de sabiduría,

a actuar tal que me enseñó don Faustino dos meses antes de fallecer, ahí, en Bargota, a tiro de piedra de donde uno se desgañita en el silencio de la soledad, tan fecundo, tan fecunda, tan solo como él se encontró de solo durante su larga existencia de sacerdocio por causa del único pecado que cometió, el de ser un apasionado entusiasta de Euskal Herria como nación libre y soberana, un hombre de temple, que jamás blandeó en sus posiciones PNV, que nunca le rilaron las piernas ante ninguna emboscada que le preparasen los adversarios ideológicos, y fueron muchas y duras.

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