Archivos para el mes de: mayo, 1999

Deia, 30 de mayo de 1999

            ‘A los mentirosos se les seca la lengua’, nos repetía el padre en torno de la mesa camilla donde se fraguaron las ilusiones, quimeras y esperanzas de la infancia, un capazo de sueños, que soñar aventuras pendientes es hermoso en la niñez, con la pujanza de las yemas de abril ansiosas por brotar y cubrir las plantas de verde y lila, los pétalos de la tierra.

Y hay que confesarse. Una educación en la más estricta línea jansenista, espartana, heroica, a misa de siete cada amanecer, lloviera o nevara. Dulce niñez aquella de hace cinco largas décadas, los sueños de libertad se estancaron en el remanso del alma y las ansias de independencia personal se veían cumplidas día tras día sin darnos cuenta, la libertad y la independencia se fueron posando en el estanque de la consciencia.

Que no hay que mentir, hijo mío, que a Pinocho le crecía la nariz, y cada cual debe aceptar los hechos según vengan, dando la cara ante el error y reconocer el fallo, los fallos y contrafallos, en lugar de urdir mentiras, y no refugiarse en el cajón del misterio ni escupir las intimidades del fogón ante el cura-terrateniente.

Tomamos a chirigota hasta los destellos de nuestros actos, nos importa un comino llamar negro a lo blanco, blanco o negro a tenor de las oscuras artimañas. Comerciamos con el lenguaje, montamos hiladas de engendros y traperías, pero no se nos seca la lengua, hacemos un auténtico estraperlo de las ideas y proyectos ciudadanos, y más ahora, en campaña electoral, pero no se nos seca la lengua.

Y echamos a rodar la pelota de la difamación, que no hemos conseguido lista electoral unitaria porque “esos de E.H. querían ir los primeros” y ocupar los puestos relevantes. Y tal engaño a la sociedad tiene un precio, que el vecindario no es tonto, el cuerpo electoral posee un sexto sentido, tacto y olfato para averiguar quién es quién en este erial. Se enfangan en una campaña sucia, gritan, se excitan, se ponen royos y no admiten que sí, que mienten como bellacos.

Ante tales sombras, sangra el alma, si aún nos queda una pizca de alma, y sangra la vergüenza, si aún nos queda una brizna de vergüenza.

Se difunde el embuste, “querían ir los primeros”, y nosotros no podíamos consentir tal desfachatez, y se van a dar la tabarra uno a uno, cansos, tal que moscas cojoneras, a sembrar la discordia, el infundio y la confusión entre los electores, electores del mismo tronco original, uno de cuyos verguizos no consiente en ser él y los demás, asamblea pura y dura, no, que yo soy yo y los demás sois un mokordo pinchado en un palo. El ‘Milosevic’ lugareño atosiga con soflamas y despojos caudillistas e intenta sembrar grama entre el mundo abertzale, este mundo radical, orgulloso de pertenecer al MLNV desde su fundación, orgullosos de su opción independentista sin tapabulleros ni paños calientes, al pan, pan y al vino, vino y, si toca tener que apoyar al acosado Ibarretxe, se le apoya en masa y sin reservas, noblemente, palabra de honor, que los colmillos, riadas de insultos, de los sicarios  españolistas le roen los huesos, intentan troncharle las manos, mas la dialéctica de la imaginación le empuja a remontar el vuelo a las primeras rayadas del alba. Que no nos ocultamos de nadie ni por nadie, a pecho descubierto, hechos al palo, la verdad por delante, con sencillez, en silencio, decencia torera, que “el lenguaje de la verdad es sencillo”, nos recuerda Eurípides en las “Fenicias” y  Claudiano nos interroga en “In Eutropium” y yo increpo: “¡De qué sirve confesar el error cuando ya se ha hundido el barco!”.

Mas no toleraremos que esta galera nuestra, que tantas lágrimas, escozores y disgustos costó botar por parte de todos, se vaya a la deriva, que Euskal Herria no puede embarrancar en ningún banco de arena.

Deia

No espabilaremos jamás. Tropezamos y tropezamos una vez, cien veces, en la misma piedra, la piedra del ‘yo y nosotros’, que yo valgo más que tú, que nosotros somos los puros, los angelitos, y vosotros sois la hez del pueblo, lepra, tenéis muy mala imagen y no arrastraréis ni un triste voto. La conciencia política se enzikiña con ese invento de listas cerradas y los mediocres arrinconan a los idealistas, austeros, eficaces, honrados a carta cabal, decididos a arrancar de raíz el despilfarro y la rapiña de concejos, ayuntamientos y diputaciones.

Si seguimos así, Euskal Herria jamás será independiente y habrá que volver a la carga. Las listas unitarias, por las cuales tanto hemos suspirado y pedido para este país que se derrite a la hora de mandar, se vinieron abajo, se descuajeringó la soñada unidad abertzale. Y no tenemos derecho ni a un mendrugo de pan.

Es inexplicable tanta aberración, tanto afán por el primer puesto, cabeza de lista, un escaño en el Ayuntamiento, mandar, figurar en la procesión de ‘La Magdalena’, que nosotros somos mejores que vosotros, que ‘vosotros no tendréis otro remedio que votarnos’, porque no seréis capaces de formar candidatura, que no tenéis gente con imagen, aunque los marcados al fuego de la mala imagen sean mozas y mozos cabales, preparados y rebosantes de entusiasmo, mocina erguida en el umbral de las andanzas geniales, ¡es igual!, carecen de imagen lustrosa. Y así nos luce el pelo, que no llegamos ni al portillo de la muralla, no, que no, que esto no tiene vuelta de hoja, que los vascos estamos condenados a morirnos de utopías inconclusas y que el invasor nos coma hasta la curcusilla, tal que los ‘dobermann’ nazis a los judíos.

Unos y otros, PNV, EA, EH, nos hemos hartado de repetir que era urgente conseguir la máxima unidad en pueblos y grandes poblaciones. Advertimos en estas mismas páginas que la Ley d´Hont es cruel con las minorías, ¡una escabechina!. Durante la presentación del Acuerdo de Lizarra-Garazi en el Carlos III de Iruñea se planteó que urgía conseguir una unidad total, saltando por encima de pequeñeces y rencillas. ¡Y nada!.

¡Pues, no!, uno se resiste, no podemos llevarlo en paciencia. Cada cual se ha ido por los cerros de Ubeda, los distintos colores abertzales no consiguieron candidaturas unitarias. Las envidias y resquemores oxidados han resurgido, han aflorado los demonios del ‘mando yo y los demás, a callar’. Y UPN y PSOE se frotan las manos de gusto. Ellos sí saben, sí, sí, qué es eso de la Ley d´Hont, ellos sí lo saben, pero nosotros tiramos por la calle del medio, desleída el alma, y nos empeñamos en que no, que aquí se hace lo que yo diga. Incluso se vota por elaborar una lista conjunta, sale a favor 4 a 3, pero se rompe el resultado, esa votación no vale, aquí formamos lista nosotros, y los de E.H., a la cuneta, que esos no levantan ni un papel de fumar.

Cuatro días antes de cerrarse el plazo de presentación nos enteramos del pastel. Intentamos un último esfuerzo y damos cuenta de lo ocurrido a su representante en Iruñea, mas nuestra petición se pierde en una decepcionante espera, la callada por respuesta y que salga el sol por Antequera. Y nos vemos obligados a renacer de las propias cenizas, a irrumpir de nuevo a la palestra y hacer a marchas forzadas una candidatura encabezada por las gentes de la mala imagen, vampiros y alimañeros. Y esto duele más de lo que nadie se imagina, pero aún quedan personas a quienes les sobra un mínimo sentido del pudor y una juventud dispuesta a echar los cimientos de esta Euskal Herria por la que tantos sueños quemamos durante treinta largos años, arropados ahora por el Acuerdo de Legislatura, crucial, ilusionante, dovela de la Paz, del 18 de mayo.

Deia, 17 de mayo de 1999

            Nadie debe consentirlo, que cada cual en su garita, ‘centinela, alerta’, cuidando el no adormecerse al sopor de las caricias, aberrantes, del poder. El poder corrompe, lo empleamos en jugar con el vecindario y servirse de él con fines y desbarajustes personales. Nadie tiene más fuerza moral para abordar en sesión de Pleno cualquier asunto que roce problemas espinosos referentes a la violencia o la gran lacra de la corrupción, que en esta encendida ciudad le llamamos robar. Si alguien habla de ‘los violentos’, habrá que preguntar si estamos al día o queremos seguir viviendo de las rentas funerarias. Es como si uno fuera a sacar a relucir madrugadas de horror y perros llamando a la ‘señora’ para segarnos en dos mitades en medio de la histórica plaza de ‘Los Fueros’ de este alfoz de Euskal Herria. No nos flagelemos más con escenas dantescas. Ya vale.

Resulta acongojante estar oyendo esas soflamas, como si realmente alguien deseara, sí, sí, deseara que las tracas volvieran a reanudar la carnicería. No quieren oír, escuchar los recados que están enviándose  por todos los conductos mediáticos. Se niegan a escuchar la música de txistu, el viento siente celos del txistu y el ritmo armonioso del tamboril, las sílabas, recalcando las palabras, del lenguaje directo, cortante, martinete jondo, del lehendakari Ibarretxe. Se entorcan, renuncian a enviar mensajes de pacificación, se inventan la pólvora para seguir regodeándose con la puerca miseria de la Muerte. Y ya vale.

No podemos seguir así, a hocicar en el estiércol de la ira inacabada, la ira del odio cabalgando al alba sobre alazanes de hierro y fuego. Sueñan con la labor pendiente, cascar a toda costa las amarras de  Lizarra-Garazi, no devolvernos a nuestros prisioneros políticos, cuenta sin saldar, como tantas otras, los refugiados, todos y no a cuenta gotas, recomponer el país, solucionar el contencioso histórico secular. Aznar se llena la boca, que quien nace barrigón, fantasía es que lo fajen: “No permitiremos la limpieza étnica en Kosovo”, y olvida que tal estrago ya se sufrió aquí y el origen sigue sin resolverse, sin ofrecer soluciones para que nadie tenga que volver a las andadas. Ante tanta risión, no es de extrañar que en el barrio iruindarra de la ‘Txantrea’ hayan aparecido pintadas recientes que encogen el corazón: “ETA, rompe la tregua”. Y ya vale.

¡Ya vale de jugar con palabras y personas!. El MLNV no está dispuesto a tolerar tanta cochambre política. Que ningún listo se tome a pitorreo las ofertas de Euskal Herritarrok, relajantes, lúcidas, dispuestos a tomar medidas radicales y abrir puertas y ventanas, orear la ‘casa del padre’, de Aresti. Ahora bien, quienes desprecien y no valoren en su justa medida los bríos gastados en reconquistar la paz será responsable de las consecuencias y que la sangre vertida ahogue sus conciencias. Si supieran los ímprobos esfuerzos que se realizaron durante tres años hasta llegar a Lizarra, sería incapaz de creérselo. ETA quiere continuar el ‘alto el fuego’, y esto es lo más gratificante que hoy podamos escuchar. No obstante, nadie sueñe con genuflexiones ni confesonarios y que ningún mangarrán de Madrid ni París ponga zancadillas al proyecto pacificador.

Aún queda gente que azuza a la serpiente para que despierte, dije, y esa fauna debe ponerse al tanto de las iniciativas a tomar. Que seguimos donde estábamos: Reconstruir la vieja Nación y nadie tiene derecho a quebrar la voluntad del Pueblo vasco, recuperar la Soberanía y la territorialidad de Euskal Herria, Nafarroa Osoa, y conceder el máximo protagonismo a la Asamblea de Municipios vascos, trabajo para todas y todos, tal que demanda con urgencias el mundo obrero, que los empresarios generen sin remilgos ideas y proyectos para recrear la industria vasca, fomentar las Ciencias y las Artes, ¡queremos soñar sin corbatas ni chisteras!, que para un revolucionario, ‘la corbata es más peligrosa que la cárcel’, nos advierte el salvadoreño Miguel, originario de Iparralde, retrato puro del ‘Che’, que la corbata casca el espinazo, domeña, el mejor reclinatorio.

Publicado el 9 de mayo de 1999

Es tiempo de fabular, abrir surcos en el laboreo diario, de lucha permanente, que ya se acabaron los llantos, sin dejarnos llevar por borracheras de mitos y entusiasmos. Es la ocasión de mantener el pensamiento en sus quicios, sujetar las alas de las ovaciones, aplausos generosos que brindamos a los líderes de nuestras inquietudes y congojas profundas, adormecidas en el césped de la ilusión.

Pronto terminará la agonía del fuego purificador y comenzará la crisis del viento vivificante, a rebosar de esperanza, que rizará trenzas de amarrar empresas y proyectos sobre las aguas de la mar sosegada de agosto, añoradas noches de fin de semana. Y el ser se hunde en rabias contenidas al comprobar que no, que aún quedan gentes sin empacho que azuzan zambras y encabritan las crestas del mar, quieren hacer añicos los sueños de la imaginación acariciada por la brisa de la paz.

Por las cuatro esquinas de la plaza de ‘Los Fueros’ se repite que basta ya de jugar a ‘guardias y guerrilleros’, decisión inapelable y sabia de las cuadrillas, pero el ‘acordeonista’ y sus amigos no se cansan de zirikear, se empeñan en que no, que a seguir zarguñando y empiezan a desgañitarse sin escrúpulos: primero tenéis que dejar, tramposos, las espadas de madera y los escudos de cartón y hacer una pira junto a la fuente de cuatro caños. Y el monosabio del ‘electricista’ tilda de mentiroso al lehendakari, así, como suena, se inventan ambuestas de martingalas para desprestigiar y quebrar su caudal de dignidad, y tales insultos y artimañas, indecentes, encienden ascuas entre la mocina difícil de contener, que aquí ni mentimos ni hacemos trampas, lo peor que se puede escuchar de labios de un dirigente del cotarro.

Nos juntamos al abrigo detrás del frontón, donde no pega el aire, y algunos empiezan a chillar, pero los mandones de las cuadrillas insisten en que no, que hablar en voz baja, susurros, y romper las nubes de la duda. Y en eso estamos, que nadie se equivoque ni se llame a engaño. Y el otro advierte que quienes gritan no llevan razón, las palabras deben pronunciarse al oído, tal que confesándote, que eso quieren, confesarnos y regalarles las espadas de fresno, los escudos y las hondas, para hacer negocio y darnos la puñalada trapera.

Menos desaforarse, que el alguacil echa la antena para alcahueteárselo al alcalde. Es una orden, ordena el más avispado, que llegan los días de mítines, reuniones, discursos y proclamas que abarrotan las plazas de confusión y desvaríos. Y no queremos oír monsergas, las monsergas confunden y desvanecen las ideas brillantes. Es hora de modular el timbre de voz, infundirle el tono exacto, lenguaje lineal, incisivo, la palabra debe transformarse en música de la idea para no destrozar los acordes de las palabras. Cada pieza oratoria debe ser una composición musical, tal que nuestro añorado Telesforo de Monzón o el inolvidable Manuel de Irujo. Siempre renace su recuerdo en estos tiempos de fomentar proezas colgadas y hoy en día al alcance de la mano. ¡Qué poseían aquellas dos gargantas!, que arrastraban muchedumbres, irrepetibles, ‘imprescindibles’, nos recalcó Aurkene Ortiz en el ‘Anaitasuna’, con referencia a los prisioneros políticos. Las cuchillas de las cuerdas vocales de Monzón siguen despertando nuestras mentes y resuena el eco sonoro, rotundo, de Irujo en el Parlamento Foral, el último discurso que pronunciara aquel líder de la paz, soñador de soberanías reales que no llegó a palpar entre sus manos huesudas, bruñidas de nostalgias, diásporas y exilios.

Que la voz, regueros de armonía que clamen por la Paz y la Soberanía, sea un murmullo, un deslizarse el agua en silencio por los hilos invisibles de la pacificación. Sin derrotes ni griterío, sin remover las aguas pantanosas del sufrir colectivo tatuado en la piel, arrasando de razones al adversario. Sin estallidos, sin romper el silencio de la inteligencia, que el pueblo vasco sólo quiere cantar y bailar en la hierba de la Unidad abertzale.

A %d blogueros les gusta esto: