Archivos para el mes de: abril, 1999

Produce vértigo sólo el pensarlo, que en la pensión a pupilo en mis ascetas años matritenses, tal que dije, también se hospedaba la ‘Carmen’, macilenta, tez de cera y ojos de infierno, hermosísimos, negros como el tizón, bellísimos ojos tizón, que se restregaba a los pies de la cama y quería trepar por los faldones de la colcha sin mayor ronroneo, susurro, que el de mostrarse cariñosa con el mozo recién llegado, sueño incumplido, que no consigue hacerse la trenza con el chicarrón del norte, ese lejano y extraño mundo vuestro, preguntaba ella, que quiero que me lo cuentes, un mundo que ignora y que nunca comprendió la gatita buena, la moza de cera y de ojos tizón, por mucho que intentara explicárselo uno y otro atardecer. ¡Qué sería de la ‘Carmen’, la moza distraída y buena de ojos de infierno!.

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Deia, 25 de abril de 1999

El Románico se encuentra en un estado de gran pureza en este rincón de Euskal Herria, a las puertas de la Ribera. Otra prueba de que más existe cuanto más madrugaron en la cristianización del Pueblo Vasco. La línea Torralba del Río-Lizarra-Eunate-Uxua-Leire-Zangotza está diferenciada con nitidez en la geografía. Los tres ábsides de juguete del altar de la Virgen, de sorprendente decoración geométrica, así como los diminutos capiteles con decoración animal y vegetal, copiosos en escenas de vid, son una muestra de esplendor por estos parajes difuminados en la memoria colectiva, cuya única labor era la oración y la guerra. Incluso sobre el basamento de un arco figuran dos luchadores de grecorromana, parece, en plena exhibición. Fortaleza-vigía, entorno privilegiado, si bien con grandes penurias por ser plaza fuerte ante el invasor, Castilla y Aragón, que en una clave de la bóveda central gótica aparece esculpido el ‘’Arrano”, primer estandarte del Reino de Navarra.

Tampoco es ajeno el gótico inicial en la majestuosa nave añadida, dando muestras de su irrupción a la plenitud del europeo con los tres arcos ojivales, más un cuarto de medio punto, en el pasadizo de acceso a la fortaleza por el sur, muestra del carácter militar. Ese arco entre los tres ojivales da qué pensar al visitante.

La tristeza araña el pensamiento al escarbar en su grandeza perdida, reducida a la vitalidad que le prodiga el visitante, numerosos, entrando y saliendo y gustando garrapiñadas, sueltas y nada dulzonas, para luego aposentarte en un añejo mesón y saborear un plato de migas en un comedor de traza ancestral.

Un rótulo, ‘Casa prioral’, y una señora que ronda en torno a fin de visitar lo suyo, sus alhajas, sus tesoros celosamente guardados, doña Consuelo Sola Berrade, octogenaria o casi, ágil y escasa de oído, un manojo de nervios, y se esmera en dar detalles, lleva Ujue metido en los entresijos de la sangre y los ojos le centellean, ‘que tenemos  maestra con seis u ocho niños, un lujo hoy en día, y somos pocos, 150 o así, de los que 80 o 90 son ancianos’, ella no se cuenta, no se piensa que también ella cuenta, y sin orden, en estantes zafios, de chambón, dormitan unos cincuenta libros viejos, auténticas reliquias, mariposas de la historia truncada, que asusta y pregunto por qué están allí y no en la biblioteca de Iruñea, y lo aclara, “que de tarde en tarde vienen señores de ‘Príncipe de Viana’ a consultar y luego se van, pero nunca falta nada, que tenemos alarma y hace poco intentaron llevarse algo de la sacristía, no sabemos qué, pero a las tres de la madrugada sonó y la gente saltó de la cama, que siempre que pasa algo así se levanta el pueblo entero, ¿sabe usted?, como si irían (sic) a robarle a uno, y vieron a dos correr por las afueras y se largaron en un coche”. A eso se le llama rasgo de auzolan y querencia por su pueblo. Y le compro almendras y una postal de la Cruz del ‘Saludo’.

Al rato me desparramo por el apiñado, pulcro racimo de uva de sus callejuelas, limpias como la patena, y retorcidos pasadizos de adoquines, un laberinto de sombra sin nombre ni número de policía, donde el sol ni sestea y las paredes se tocan de una brazada, sabor a construcción toledana, judía o mora, y las piedras rezuman lágrimas de nostalgias hirientes, lamentos de hazañas canecidas incrustados en los pliegues del recuerdo. Y las fachadas sin escudos, no existen blasones de alcurnia tallados en el pergamino de la piedra, no, ni uno solo que viera, y las paredes se acomban, tripudas, desafían la ley de la gravedad y se inclinan bajo el moho de los siglos, tal que en Holanda los edificios antiguos, la torre de Pisa y la columna mediana de la fachada de una mansión solariega en la ‘Grande Place’ de Bruselas, cuyo arquitecto se suicidó del disgusto al comprobar que le había salido torcida. De pronto, dos plazoletas miniatura, en una de ellas la gran sorpresa: Una columna octogonal inclinada en la conjunción de ambas fachadas. Y en las ventanas, profusión de alféizares de un solo bloque de piedra, siempre en piedra y, a corros, ladrillo amarillo y, ante todo, derroche de amabilidad vecinal.

Deia, 21 de abril de 1999

 Lunes de Pascua y un sol cegador, se encienden chorros de resplandores sobre Iruñea y uno sale con más ilusión que nunca, mucho antes de que un caballero natural de esta cascada pedregosa de la fortaleza-iglesia románica me hablara de su cuna y los cruceros, “que llegan de los pueblos del contorno, desde Falces, el primero, Peralta y otros, que el término es largo, y se encuentran en la Cruz del ‘Saludo’, al decir de doña Consuelo, dos kilómetros antes”, y ahí empieza el caminar descalzos los penitentes, cruz a cuestas, capucha negra y atuendo talar, traslado al mundo medieval, mundo de tinieblas profundamente religioso, monjes, eremitas y peregrinos, guiados por el monasterio y el amo feudal, dueño y señor del fortín y palacio real, con un solitario balcón colgado al aire, que contemplarlo da vértigo, sobre tres mensulones de piedra y base de plancha en una pieza también de piedra, construido a golpe de siervos y pedreros reventados bajo los bloques de sillería y argamasa rociada con vino y cal, extenuante sudar de sol a sol y, de rancho, habas con aleluias.

El transitar aún es menor en las endiabladas carreteras, una guadaña en cada recodo, la Muerte espera agazapada en las cunetas y tal situación es insoportable, suicidio colectivo, que uno le ha cogido pánico al coche, es mejor el autobús o el tren o nada, pararse en el mojón y no proseguir esta cruenta batalla contra el destino, se acabó, me planto, basta de luchar por andar el camino hacia el silencio y la libertad, llagas de silencios, campo y piedra, que todo es piedra en Uxua, monumento difícil de describir y narrar las sensaciones que percibes al entrar, siempre hacia arriba, y te acoge un letrero oficial de Diputación, ‘Ongi etorri’. Es de alabar que nuestros gobernantes pongan ‘Ongi etorri’ en el portal de la Ribera, y una pintada fresca, ‘Egin Askatu’, aquí, en el corazón de la Navarra asceta y la soledad palpitante de la piedra, el claustro monacal y los valles entre colinas peladas, sin manchas de árboles, sólo un ramillete de pinos junto a los restos de la ermita de San Miguel, no hay árboles en Ujue, que el monte es matorral y propiedad particular, me informa un lugareño, y nadie se acuerda de repoblar ni el Gobierno de incentivar, un mar verdoso de cerros y olas pardas de aulagas hasta llegar a las cofias de nieve sobre cintas de azul del Pirineo en la raya del horizonte.

Otro mundo, un existir sufriente, del más rancio y puro medievo, que las piedras hablan, se escucha la música sonora de las piedras, sinfonía cuyos acordes te envuelven y elevan a las cimas del espíritu, sentado en el suelo para mejor contemplar el nido almenado del águila, que sólo molestan los pegotes de aglomerado y escaleras de cascajillo, ridículo, no el cascajillo, el arquitecto o maestro de obras de ‘Príncipe de Viana’ ingeniador de tal extravío, a quien debieran haberle invalidado el título que le regalaron en alguna tómbola de caridad. El Ayuntamiento actual, bajo la carpa de Diputación, quiere sanar las pústulas de la desidia y así lo resalta el cartel: Obras de restauración, 10 millones escasos, demasiado rácanos estos gobernantes nuestros, que Uxua, la Toledo de Euskal Herria, historia en carne viva, alcázar de la independencia usurpada, se merece un suculento pellizco presupuestario y dejarla hecha un primor, al par del interés privado por la rehabilitación.

El Parlamento Foral debe tomar la inciativa de convertir Ujue en paloma torcaz de las grandes joyas arquitectónicas y hacer honor a su topónimo en Euskera. Tanta belleza en tan poco terreno deslumbra a quien ha contemplado tantos rincones y ciudades por esos caminos de Dios en Europa, que el primer aldabonazo fue para Aigues Mortes, en la Provenza francesa, entre Avignon y Montpellier. Debe iniciarse la reconstrucción del ala norte y de la cual sólo se conserva la fachada oeste con los seis arranques de los arcos. No os andéis con escatimos, que tal ruina clama al cielo y desgarra la esencia vascona de nuestro Viejo Reyno.

Deia, 20 de abril de 1999

El macabro éxodo, sobrecogedor, de los albano-kosovares pide a gritos que sigamos incidiendo en clamar contra el torvo peregrinaje con la Muerte al hombro, la señora espera en el recodo del sendero para degollar sin dolor la inocencia de la vida. Esta riada de horror y sangre no puede quedar impune, que alguien tendrá que hacer algo más que lanzar lamentos al viento y lágrimas de cocodrilo. Ese narrar helador de tales situaciones de estragos y ayes de agonía no son suficientes para retorcer la conciencia del mundo y paralizar en seco tanto sufrimiento, llantos ateridos y montañas de angustias amontonadas en veinte días de enloquecida limpieza étnica, religiosa e ideológica. Y el mundo permanece de brazos cruzados ante tal cataclismo, pueblos abrasados, fosas abarrotadas de cadáveres degollados por la faca del odio, que imposible dar crédito al escuchar las noticias sobre el asesinato, por error, de los 70 miembros de la caravana de fantasmas hacia la libertad, siempre ‘por error’, y nos lavamos la cara con los parches de caridad de las ONGs.

Que ésa es la voluntad del ‘Gran Hermano’, de G. Orwell, el siniestro dictador y señor de vidas y haciendas de los débiles, los sin Patria ni Estado, tal que Euskal Herria, Kurdistán y tantos otros, ni potencial bélico para llevarlo al Tribunal de La Haya, o el enloquecido Gendarme universal dispuesto a perseguir hasta la extinción, tal que ordena su Ley, a todo aquel que asesine a uno de sus yankis en cualquier rincón del mundo.

Esos generales de la OTAN no movieron un dedo por los kurdos y las minorías sometidas. ¡Por qué sí en Kosovo!. Y saben que la aviación jamás ganó una guerra. Es la infantería y el espionaje quienes las ganan o las pierden. Los nazis seguirían en Francia si no fuera gracias al desembarco de Normandía y la reconquista por tierra con ayuda de la ‘Resistencia’ francesa, ahora UÇK, y los millares de vascos que la nutrieron.

Ese arrastrarse miserable de mujeres, ancianos y niños huérfanos ya sin lágrimas que llorar y sin un chusco de pan que echarse a la boca por los caminos del horror es un grito sangrante ante la vergüenza universal. Y “los 15” siguen apoyando indirectamente esta matanza, que el paranoico Milosevic se frota las manos y toma como excusa la defensa de ‘la soberanía y la integridad territorial, recogidas en la ‘Constitución’, Mayor Oreja dixit, para eliminar a todo un pueblo maldito por querer liberarse del yugo serbio y luchar por la Independencia y la soberanía nacional. Imagínense Euskal Herria vaciada de vascos, ¡que nadie diga de este agua no beberé!. Más sencillo sería ir al corazón del cancerbero, que la triquina se reproduce tantas veces como sea preciso mientras no le cortes la cabeza. Alguien tiene interés en que el genocidio continúe. No se trata de ese psicópata y sus secuaces, no. El quid está en el cogollo: Los Gobiernos asesinos de minorías étnicas no existirían si la gente no les apoyara. Los bombardeos están resultando la carnaza de la fiera para justificar su dantesca hoguera. Por eso, abandonar a los kurdos, ahora y aquí, sería un cargo de conciencia que ningún ciudadano de Euskal Herria debe consentir: La mejor protección, una muralla humana en torno de la Cámara Vasca. Ese día, el internacionalismo solidario de los ‘burus’ del PSOE se desnudará de hipocresía.

Todo sería distinto si brotaran por todo el territorio muchos ‘Mirko’ dispuestos a jugarse la vida por 4.000 kosovares, a quienes avisó durante la noche a fin de que huyeran, que estaba dispuesto un plan para degollar al vecindario dos días más tarde. El ‘agente secreto serbio encargado de labores de investigación criminal’, según la espeluznante narración del colega Ruben Amon en ‘El Mundo’, cuyo trabajo se merece premiar, ‘Mirko’, digo, ya figura en los pergaminos gloriosos de la humanidad. Su heroicidad, salvar del holocausto, por no estar de acuerdo con los planes brutales del Alto Estado Mayor, a esos miles de kosovares, ha quedado escrita en las placas de granito de la Historia. Creíamos que Oscar Schindler, el autor de ‘la lista’, era irrepetible, tal que la de tantos héroes y heroínas vascos que salvaron, durante la dictadura franquista y después, muy después, a cientos de condenados a muerte. Ahora se llama ‘Mirko’, la mano seca de Dios.

Deia, 11 de abril de 1999

 El pensarlo produce vértigo, que sólo un audaz portavoz se soltó el pelo sobre la similitud entre Kosovo y Euskal Herria. Y ahí empezó la riada de comparaciones a la inversa, sandeces, incluido el señor ‘X’: los nacionalistas son los ‘serbios’, que no dejan vivir en paz a la minoría de ‘kosovares’, los vascoñoles. Infantilismo ruin, que lo riguroso, científico y trágico debemos buscarlo entre la Serbia imperial y la Castilla del eterno soñar, el saldo de la Yugoslavia de Tito ensangrienta los senderos de la agonía en la martirizada ‘provincia’ donde el 90 por ciento son albaneses, musulmanes, y un exiguo 10 por ciento son serbios, ortodoxos griegos, que acaparan todos los centros de poder, policía, ejército, Justicia, Administración, etc.. Los kosovares invocan que ese territorio es suyo desde antes del Imperio Otomano, que hasta ahí llegó hace 600 años y derrotaron al zar Lazar. Los serbios replican que no, que Kosovo es el corazón de Serbia y la cuna de su gran Nación. No podremos entender a fondo qué causas originaron tal degollación masiva de inocentes, las angustias del terror cortan el fluir natural de la leche a los pechos de las parturientas y los rorros ya ni lloran y mueren de inanición. Se degüella todo kosovar que ‘Arkan’ y sus ‘tigres’ encuentran a su paso. Pero no sólo ese iluminado carnicero, y Milosevic, otro ‘Gran Timonel’, apodo de un locutor innombrable al faccioso ‘Caudillo’ Franco, que la policía y el vecindario serbio campan por sus fueros, enconos y odios, y plagan los lechos de estragos y carnicerías, tal que ocurrió en la Ribera de Nafarroa y otros territorios durante la ‘Santa Cruzada’ del 1936 y después, que esa atroz matanza colectiva, enloquecida degradación de la Muerte, debe cortarse con medidas tajantes, eficaces, y no con bombardeos ni desperdigando a la gente en familias y hogares ‘caritativos’, eufemismo de la limpieza étnica a lo ‘Teresa de Calcuta’, y a engrosar las galeras de la diáspora por los confines del planeta.

Kosovo quiere ser independiente o reunificarse con Albania, ahí están los guerrilleros del UCK dejándose la piel en las intrincadas montañas que ni Hitler pudo ocupar, y ahí está Rugova y sus gentes demócratas, el LDK. Euskal Herria quiere ser libre por vía de la negociación y ahí estamos quienes queremos reconquistar nuestra parte alícuota de soberanía en Europa y la territorialidad como Nación, nación antes que ninguna otra, el Reino de Navarra, y ahí sigue ETA, a la espera, sin prisa, de soluciones lúcidas e inteligentes. Al llegar ese día, que llegará, esperemos que la OTAN, o Dios, nos proteja de las sangrías y desmanes.

Por tanto, civilizados que somos, defensores a ultranza de los Derechos Humanos y de los Pueblos sin Estado y de cuya razón os llenáis la boca fuera de las fronteras, no andemos aquí dentro con cegueras políticas y resolvamos el contencioso Euskal Herria – España antes de que sea tarde y, en su afán unitario, “una unidad de destino en lo universal”, otro ‘generalísimo’ intente convertir esta “tierra libre de hombres libres”, lema de los Infanzones de Obanos, en otra Kosovo vaciada de vascas y vascos, arrasada a sangre y fuego, que costumbre no le falta, pionera, la Castilla errante, 500 años antes que los nazis, en eso de la ‘limpieza étnica y religiosa’ y se barrió de un plumazo judíos, moriscos, indios, herejes y brujas descreídas y nigromantes. Que el año 1937 arrojaron 300.000 vascos a las cunetas del exilio, al paredón y la nada, ¡quién lo olvida!, y otros tantos catalanes y de otras zonas e ideologías no adictos al ‘Movimiento’.

Ríos de horror y tierra quemada nos aguardan, trofeos de guerra purificadora, a quienes ansiamos la independencia, que se ensañaron por estos lares y la esquizofrenia se puso de nuevo en marcha y al acecho al atardecer de aquel 23-F, la lista negra, infernal, se redactó por “consejo” de un sádico colaboracionista de Iruñea, ¡que no cito!, a las 7 y media de aquella calurosa tarde, calor de bochorno en esta Ciudad donde uno agoniza de silencios y rosarios, torturas y llantos de muerte emboscada, tiros recientes ‘al aire’, hace tres sábados justos y en el Casco viejo, ¡a sus órdenes, mi sargento de la Guardia Civil!. Y el 23-F está tan cerca que aún quema la lista, señor, ¡entiéndanos!. Para que luego nos aconsejen olvidar los trapos sucios si buscamos lograr la paz, y en ello estamos el MLNV entero, que siempre quisimos sofocar de raíz las amarguras de los ocultos atajos mugantes y los rebaños de miserias en esta Euskal Herria doliente, pero el alma de una Nación desmochada tiene mil maneras de protegerse y la esencial es recordarse a sí misma.