Archivos para el mes de: diciembre, 1998

30 de diciembre de 1998

La música dulce, sin atropellos discordantes, de Kaxiano y su ‘Itsasontzi baten’, surgida de lo más íntimo del pueblo, es un sedante, una sensación de alegría desbordada que te arrastra a colmar los vacíos seculares de la personalidad, ‘Askatasuna geuria da’, y esa garganta acariciante, sin estridencias, ‘queremos la libertad’ nos repite una y otra vez, el clamor popular que está irrumpiendo, que se palpa en el ambiente, y no entendemos por qué no actuó en los escenarios del ‘Bai Euskarari’. ¿O sí?.

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Deia, 28 de diciembre de 1998

Estas navidades van a resultar las mejores que hemos vivido en Euskal Herria desde hace un capazo de años. Los acontecimientos están rebañando la fuente de la sensibilidad, un torrente de emociones se extiende imparable, la yasa de la reunificación, de la unidad tan soñada se está haciendo carne por la piel de este Pueblo aguijoneado hasta la extenuación.

Las convocatorias llegan arrolladoras, las citas nos pisan los talones, para culminar en la apoteosis, día clave, calles y plazas de Bilbao convertidas en un hervidero, una llamarada de reivindicación contra la sangría, ilegal, inicua, indecente, de nuestros prisioneros políticos. Y si la multitud se volcó a favor del euskera, la proclamación de lehendakari debe acunar la unidad en lo más recóndito del ser y el estar de cualquier vasco que se precie, sin que ningún reacio ni cauteloso se quede al margen, que no se empeñen en clavarse en la acera contemplando el avanzar de la riada humana de la Historia ni se autoexcluyan ni se nieguen a estar presentes en la redacción de esta página de Euskal Herria. Dentro o en los aledaños, la ciudadanía entera forma parte del gobierno de un país y debemos participar, también desde la crítica honrada y sin prejuicios foráneos ni artimañas corrosivas y partidistas, en el devenir diario de la Comunidad en la que vivimos y a la que pertenecemos.

Constituido el Gabinete, debe pensarse en una sola ambición: la reconstrucción nacional. Cada cual en el tajo que le corresponda, sin que nadie se considere marginado ni excluido. El lehendakari vascongado debe sentirse fuerte, seguro, y saberse arropado, para avanzar sin zoquetes ni zancadillas en la labor, ardua tarea, de gobernar el próximo cuatrienio. Y EH ya lo dejó clarito y transparente, pondrá toda la carne en el asador, pero que ni sectarios ni furrieles tomen a chirigota sus inquietudes sociales y posicionamientos políticos. Empeñamos la palabra y se cumplirá a rajatabla, sin que esto suponga, según la atinada observación de la hermosa Goirizelaia, ningún cheque en blanco. Muy comprensible, y que absolutamente nadie debe echar en saco roto. De este modo, podremos exclamar que nos sentimos no sólo ‘orgullosos de ser vascos’ (Ardanza), sino más bien satisfechos de nuestra identidad.

La formación de un Gobierno es labor colectiva. Ibarretxe es lehendakari porque lo demandaron las urnas y tal que así lo programó el devenir histórico, lo cual nos produce satisfacción. Nos alegramos de que así ocurra, aunque cuatro iluminados se empecinen, tozudos, en arrinconarnos, a los navarros de Iparralde y la ‘Navarra foral y española’, bajo el pórtico de nuestra mansión natural por exigir un asiento en la catedral de la Independencia. No importa, todo llegará, que ya estamos acostumbrados a esperar. Para un vasco, el tiempo no existe y algún forjador templará muy pronto el eslabón roto de la cadena de Aralar. No olvidar que el Poder no nos pertenece y nadie se crea divino, porque el Poder totémico hace trizas cualquier divinidad.

Diciembre de 1998

Todos mis pobres saberes los regalaría gustoso por ser capaz de componer una canción de cuna, mi carrera frustrada, compositor o, al menos, músico de chufleta o turuta,  txistu o acordeón. Cualquier instrumento, menos no saber tocar ni a fuego.

Carreras frustradas, vacío personal del que nadie puede salir, se acabó, los días que quedan están contados, yo me moriré cuando a mí me dé la real gana, pura ilusión, o el célebre ‘yo no me quiero morir, don Miguel’, de Unamuno, aunque le hubiera quedado mejor y más correcto sintácticamente, ‘yo no quiero morirme, don Miguel’, con el pronombre ‘me’ en su lugar exacto, enclítico al infinitivo.

Euskadi información, 24 de diciembre de 1998

En los cinco campos de fútbol, y a las 5 y media de la tarde del día 26, se escribirá una fecha histórica, un antes y un después de esta agonía que ha dado sus frutos más que sobrados, la mejor cosecha que jamás pudieran imaginar quienes, en los tiempos de represión despiadada y sin cuartel en las escuelas, entre ellos alguien de mi familia, contra el mínimo amago de cultura euskaldun, se jugaron la piel a fomentar el euskera, muy difícil y sin futuro como idioma a usar y enseñar, según nos decían con malicia.

Ha bajado mucha agua por el Ebro desde que unos cuantos soñadores, media docena de ‘vascorros’, que así nos tildaban por aquellos entonces, al igual que a Navarro Villoslada, decidimos echar a andar por estas tierras mugantes, partiendo de la nada y en un terreno de torva hostilidad, las ikastolas y euskaltegis que hicieran posible la enseñanza y aprendizaje, y en unas condiciones lamentables, en bajeras alquiladas o compradas a nuestras expensas, hombres y mujeres generosos, dignos de citar. Nombres brillantes, conciencias esclarecidas que hoy seguimos testarudos dejándolas al margen de la foto y la tribuna y el corrico de módulo en una crónica singular. Conciencias lustrosas que se nos fueron, por qué tan pronto, sin beber en el Sadar el sorbo de laurel, admirados entusiastas, trenzadores de euskaltzales riberos, quienes en el más tenaz de los silencios tanto contribuyeron a que el día 26 sea una de las más gloriosas tardes sin fútbol ni toros de la historia de Euskal Herria. Y queremos verlos en ‘preferencia’, en asiento de honor, reflejo y espejo de quienes se desazonan por las ikastolas mientras los tajugos de nombradía imaginaria y casa fuerte, de blasón fantasma y piedra de sillería, siguen encamados en el colchón de la ‘prudencia’ y su torre de marfil, bandeando y en la procesión. Queremos también un huequecito pequeñito, por favor, para los prisioneros políticos.

Agilera,  Anoeta,  El Sadar, Mendizorrotza y San Mamés serán, por fin, símbolos de lo más tangible y significativo de la identidad. Ya no basta con fomentar únicamente las otras y riquísimas manifestaciones culturales. Hay que echar el resto en el habla y hacerla ya categoría de nuestro existir.

Sobre el césped del estadio se hará realidad la galera de sueños y utopías de hace 20 años. Al fundar la Ikastola ‘Erentzun’ de Biana, el año 78, el vecindario comentó que era labor de un alucinado y hasta hubo quien, al preguntar el gobernador Gordoa por mi persona el año 72, el gusano-concejal de turno, y extranjero, le advirtió que era miembro de ETA, “sí, sí, es de la ETA, que quiere montar una ikastola”, le asegura, anatema que me costó un calvario de disgustos, inclusive el hospital. Batallitas que a nadie interesan, pero de las cuales debemos dejar constancia como bálsamo para esa carretada de gentes de bien que tanto trabajan por las ikastolas y, luego, ciertos mezquinos sectarios intentan comerles, inconscientes, el pan del morral.

El mensaje del ‘Bai Euskarari-98’ debe ser diáfano y rotundo, luz del alba que alumbre al sementar surcos yermos. Nadie debe quedarse en la ropa, que en el Sadar no falte ni el apuntador, desde el euskaltegi de Mendabia hasta el de Kortes, y que ni dios se sienta dolido ni frustrado ni mucho menos ninguneado. El porvenir de Euskal Herria está en vuestras manos, con un futuro cultural espléndido y capaces de gobernar el barco de la imaginación. La enseñanza en euskera debe ser generalizada entre la población escolar, sin que Markotegi ni ningún escañero se permita poner zancadillas a la Educación y normalización lingüística. ¡Qué mal estáis haciéndolo y con qué ceguera política!. Los hijos y nietos deben ser encauzados hacia el trilingüismo, euskera, castellano / francés y otro, sea inglés, alemán, italiano o chino, pero trilingües. Una comunidad políglota genera un Pueblo ilustre y sin murallas mentales.

 Deia, 13 de diciembre de 1998

Resonó el aldabonazo a las ocho más o menos de un anochecido, que la serenidad de la razón, atormentada por la locura colectiva, arde en el horno del estadio ya desde las seis y media del atardecer, cuando el frío tajo de la navaja penetró a escondidas en busca del manantial, el toro sobrero de la muerte busca a su víctima, el monosabio indica el portón del chiquero y cae en la trampa mortal, inocente, más inocente que nunca se haya escuchado latir la nobleza en el costillar de un mozo rebosante de alegría ante la vida, que los cuchillos asesinos del morlaco encelado no entienden de juventud sana ni de existencia generosa y la aguja del pitón se hunde furtiva y riza cabriolas de luto entre las cuerdas del arpa.

Las noticias vienen en tromba por todos los ríos de la comunicación y la maquinaria ultramoderna no cesa de enviar torrentes de congoja y pesadumbre y rabia a Euskal Herria entera. Nadie podía creerlo, nadie da crédito a la tragedia que se avecina a pasos agigantados por los senderos tenebrosos de la noche. El cuchillo lorquiano se encuna en el nido de la muerte, la muerte va tejiendo en silencio el negro sudario de la irracionalidad y la bastardía foránea, y el mozo alegre, trabajador, sin murallas ni pliegues ante la amistad, pletórico de un ansia desmedida por vivir, aguanta los embistes postreros de la Bestia, mientras la muchedumbre aúlla y ruge en el circo y la empuja y lo azuza, azuza al toro camino del último estertor hasta lograr que el derrote final parta en dos el lacerado corazón y el odio y la demencia hagan jirones el chal azul zafiro de la ternura y la juventud.

Los mugidos de la barbarie continúan, nadie les hace enmudecer por los aledaños del coso enloquecido, hacen falta más cuchillos y puñales para atravesar de un zarpazo el corazón de todo un Pueblo y un Deporte, y el cuchillero no da abasto a templar dagas y navajas de doble hoja para no fallar el latigazo definitivo, rotundo, el rejón de muerte, muerte al vasco, que aún resuenan los bramidos de la multitud en la arena siniestra pidiendo más sangre que encharque el albero y lo convierta en una alfombra enrojecida de vidas inocentes rasgadas por el filo traidor de la navaja cabritera.

Hasta que llega la puntilla certera de la Bestia, las dos cuarenta de la madrugada y el corazón se niega a proseguir el ritmo de esta desquiciada existencia, el toro zaino rompe y rasga por los cuatro costados del circo romano la armonía vital de un mozo que fue a cantar en euskera a sus ídolos y vuelve mudo y roto de vergüenza por el atroz espectáculo y dolido de lástima hacia su verdugo, vuelve dormido en el ataúd del horror y mecido por la dulce mano paternal del amor. Regresa embozado en el sudario del dolor inmensurable de un Pueblo y un Deporte, un trozo de su noble existir, y atrás se queda a la espera, agazapado en la mata, el rastro sanguinario de la Bestia.

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